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Capítulo 115:
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Un aroma repentino y familiar envolvió a Kayla, y se vio envuelta en un abrazo reconfortante.
Los labios de Jeremy casi rozaron su oreja mientras le susurraba: «No hagas ruido».
Sin protestar, Kayla asintió, con el corazón retumbando en el pecho. Al oír pasos pesados que se acercaban, instintivamente se aferró a su chaqueta.
Jeremy se movió, girándola ligeramente hacia la puerta de la escalera. Sus brazos la sujetaban con fuerza, sus cuerpos apretados uno contra el otro como si se hubieran perdido el uno en el otro, protegiéndola de las miradas.
Sus perseguidores doblaron la esquina y redujeron el paso, sorprendidos por la escena. «Estos dos ni siquiera pueden esperar a tener una habitación».
Un suave apretón en la cintura hizo que Kayla soltara un jadeo entrecortado, un sonido lo suficientemente sugerente como para convencer a los curiosos.
Sus risas resonaron en la escalera, y uno de los hombres se llevó una mano a la boca. «Míralos, no pueden quitarse las manos de encima».
Tras unas cuantas miradas más, el grupo finalmente se dio la vuelta y desapareció tras la esquina.
Kayla se sintió invadida por el alivio mientras la tensión se desvanecía de sus miembros, y se permitió descansar en el firme abrazo de Jeremy. Por primera vez esa noche, la tranquilidad sustituyó a su miedo.
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Echó la cabeza hacia atrás y le miró a la cara. «¿Por qué estás aquí?».
Imperturbable, Jeremy respondió: «Preocupémonos primero por ti».
Los nervios hacían que Kayla se mordiera el labio. «Nunca imaginé que Isaac llegaría tan lejos. ¿Y cómo lo sabías?».
Una sombra de emoción cruzó el rostro de Jeremy, pero no respondió. En lugar de eso, rompió el contacto visual y se dirigió a zancadas hacia las escaleras.
Sin querer quedarse sola, Kayla se apresuró a seguirlo, a su mismo ritmo. Bajaron juntos los escalones hasta que Edwin apareció en el rellano, alerta y preparado. «¿Traigo el coche, señor Graham?»
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