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Capítulo 97:
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Jerred se agachó y recogió la foto del suelo; su mirada se fijó en los bordes desgastados.
La imagen era un retrato familiar, la calidez capturada en un solo instante.
La pareja de la foto lucía sonrisas radiantes y despreocupadas, mientras que la niña pequeña entre ellos irradiaba pura felicidad.
Su falda se ensanchaba en pulcros pliegues blancos, y sus dos coletas rebotaban alrededor de un rostro iluminado por la risa.
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Jerred observó a la niña con atención, frunciendo el ceño sin siquiera darse cuenta.
¿Por qué esta versión más joven de Thea se parecía tanto, de forma inquietante, a Jaylynn?
Cuando Jaylynn era pequeña, le encantaban las faldas como aquella e insistía en hacerse dos coletas.
Solía seguirlo a todas partes, tirándole de las mangas mientras le pedía que jugara con ella.
Un recuerdo le vino a la mente con más intensidad que el resto: él tenía nueve años cuando Jaylynn se cayó a un estanque. Llevaba una falda plisada blanca igual que la de la foto.
Su voz resonaba ahora en su cabeza, las palabras que había pronunciado la primera vez que mencionó a Thea.
«Mi prima me imitaba todo el tiempo cuando éramos niñas. Se colaba en mi armario, se ponía mis faldas e incluso se peinaba como yo».
Ese único comentario había envenenado su opinión, dejándole una mala impresión de Thea mucho antes de que sus caminos se cruzaran.
Cuando se habían casado hacía un año, su trato hacia ella había sido frío, teñido de indiferencia.
Sin embargo, el tiempo demostró que la mujer que vivía a su lado no se parecía en nada a la mezquina descripción de Jaylynn.
Ahora, al recordar la imagen de Thea de niña, Jerred se encontró sumido en sus pensamientos.
Al fin y al cabo, Jaylynn no había mentido.
Por aquel entonces, la pequeña Thea realmente la había estado imitando.
Los pensamientos de Jerred se trasladaron al presente, reviviendo la determinación de Thea por abrirse camino en el mundo del espectáculo a pesar de no tener experiencia alguna en él.
Frunció el ceño una vez más mientras su mirada se desviaba hacia el sofá, donde Thea dormía.
Ella tenía razón.
Él nunca había intentado conocerla de verdad ni una sola vez.
Al llegar la mañana, Thea se despertó en su propio dormitorio.
Sus ojos recorrieron el espacio familiar, con el ceño fruncido. Recordaba claramente haberse quedado dormida en el sofá la noche anterior, con Jerred aún cerca.
Solo de pensar en él, se levantó rápidamente de la cama.
Pero el piso estaba vacío; Jerred ya se había marchado.
La mirada de Thea se posó en la mesa del comedor, donde la esperaba un desayuno de Sovereign Table, cuidadosamente empaquetado.
Junto a él había una pequeña nota con la inconfundible letra de Jerred. «La nevera está llena. Acuérdate de desayunar».
Thea seguía frunciendo el ceño mientras cruzaba la habitación y abría la puerta de la nevera.
La nevera rebosaba de comida, lo que le recordó a Thea las estanterías bien surtidas de la Villa Willis.
Sin embargo, cada producto que había dentro reflejaba los gustos de Jerred, no los suyos.
En aquella época, lo había querido lo suficiente como para preocuparse por cada detalle, eligiendo siempre en el mercado sus frutas y verduras favoritas.
Sus propios antojos apenas se le habían pasado por la cabeza.
Ahora, con una nevera llena hasta los topes solo con los favoritos de Jerred, una leve y amarga sonrisa se dibujó en sus labios.
Había sido una tonta al creer que hacerlo todo por Jerred sin límites era sinónimo de amor.
Pero al final, Jerred ni siquiera sabía lo que a ella le gustaba.
Durante todo un año, había dejado de lado sus propias preferencias. Si ni siquiera ella se había preocupado por sí misma, ¿cómo podía esperar que lo hiciera nadie más?
Cerró la nevera, desayunó y se dirigió al plató.
El programa de hoy seguía incluyendo escenas de diálogo con Jaylynn.
Pero en cuanto Thea pisó el plató, notó el cambio en el ambiente. Las sonrisas con las que antes la recibían habían desaparecido, sustituidas por miradas de reojo.
Cada vez que intentaba mirar a los miembros del equipo, estos desviaban la mirada con desdén.
Incluso al pasar junto a ellos, oía susurros sobre ella.
La confusión se apoderó de ella.
No se le ocurría ni una sola razón por la que, de repente, se hubiera convertido en el blanco de esas miradas frías.
Desde el otro lado del plató, Ellie se acercó corriendo, bajando la voz hasta convertirla en un susurro frenético. «Thea, hay problemas. Tu relación con Jerred ha salido a la luz».
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