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Capítulo 73:
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Los dedos de Jerred se apretaron alrededor de la mano de Thea, un apretón silencioso pero cargado de emociones no expresadas.
Cada vez que Thea había mencionado en el pasado que necesitaba atención médica, su respuesta era predecible: unas breves palabras de preocupación, la sugerencia de que le enviara las facturas y un comentario casual sobre los resultados.
Para él, eso era cumplir con su deber como marido.
La idea de estar realmente ahí para Thea, a su lado, y afrontar juntos la incertidumbre, ni siquiera se le había pasado por la cabeza.
Desde el regreso de Jaylynn, había sido ella quien le llamaba para cada revisión, cada tratamiento, pidiéndole que la acompañara. En aquel momento, no había visto nada malo en ello. Él y Jaylynn habían crecido juntos, y su enfermedad la hacía vulnerable, sobre todo porque no tenía otros amigos cercanos.
Pero ahora, las palabras de Thea golpeaban a Jerred con el peso de la toma de conciencia, obligándole a afrontar lo poco que había estado ahí para ella antes.
Tras una larga pausa, Jerred se volvió hacia Thea y la miró a los ojos. En su voz se percibía una nueva determinación. «Me quedaré contigo esta noche, y así va a ser». «
Al oír eso, Thea esbozó una sonrisa amarga.
Si no hubiera escuchado su conversación con Jaylynn, quizá habría creído, ingenuamente, que él se preocupaba de verdad por ella.
La realidad era mucho más fría: a Jerred solo le importaba su salud por la médula ósea que ella podía proporcionar. Al fin y al cabo, la supervivencia de Jaylynn dependía de ello.
El examen se prolongó hasta bien entrada la noche, mucho más allá de las diez. Cuando los resultados urgentes de las pruebas llegaron por fin a manos de Vincent, este no dudó en cumplir su promesa a Thea. «No es nada grave. Solo algunos desequilibrios hormonales. Lo más probable es que el estrés esté detrás de los síntomas de la señora Willis», dijo.
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Su mirada se posó brevemente en Jerred. «Señor Willis, le sugiero que preste más atención a su salud».
«Lo entiendo». Jerred cogió el informe y luego se volvió para mirar a Thea, con un tono firme e inquebrantable. «Me aseguraré de que la cuiden bien».
Tras expresar su gratitud a Vincent, Jerred sacó a Thea del hospital.
En cuanto se marcharon, Vincent soltó un profundo suspiro y se quitó la bata blanca.
El informe que Jerred había recibido no era más que un invento.
El informe real seguía sobre el escritorio de Vincent.
Cuando Vincent se dispuso a cogerlo, con la intención de destruirlo, la puerta del despacho se abrió con un crujido.
Jim, que había acompañado a Vincent a reunirse con Jerred, entró en la habitación. Vincent reaccionó rápidamente, dejando caer el informe al suelo y poniéndose de pie, esbozando una sonrisa cortés. «¿Trabajando hasta altas horas de la noche? ¿Pasa algo?»
«Un paciente de la planta trece se encuentra en estado crítico», respondió Jim. «El doctor Hayes no puede hacerse cargo. ¿Podrías echarle una mano?»
Vincent asintió sin dudar, cogió su bata blanca y salió apresuradamente de la habitación.
Jim lo vio marcharse, con una leve sonrisa esbozándose en sus labios.
Al darse la vuelta para irse, algo le llamó la atención: un informe tirado en el suelo, olvidado.
Lo recogió y echó un vistazo al nombre que figuraba en la portada.
Reconoció que se trataba del informe de Thea de su reciente examen.
Jim frunció el ceño, frustrado.
¿Cómo había podido Vincent ser tan descuidado?
Una cosa era no entregar un documento tan importante al paciente o a su familia, pero ¿dejarlo caer al suelo sin más? Eso era una falta de respeto.
Murmurando entre dientes, Jim guardó el informe, decidido a llevárselo él mismo a Jerred, en el Grupo Willis, cuando tuviera tiempo.
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