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Capítulo 864:
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Sus ojos permanecieron fijos en Gabriela, y notó la ira que bullía en ellos. No se trataba de un arrebato pasajero, sino de la tranquila y firme determinación de romper los lazos de una vez por todas.
«Sí». La mirada fulminante de Gabriela se dirigió hacia él, desbordando su furia. «Más te vale sacarla de aquí ahora mismo, o te echaré a ti junto con ella».
Mirando atrás, cada acto que Wesley había cometido por un malentendido parecía ahora una queja sin importancia. Sin embargo, cuando Truett desapareció, había sospechado que ella lo había planeado todo solo para forzar un matrimonio. En aquel entonces, su dolor por Truett y el peso de su propia culpa la habían cegado ante cualquier sospecha sobre Myah. Pero ahora, tras descubrir las intrigas de Myah, su decepción con Wesley era aún más profunda.
Wesley vio la ira en los ojos de Gabriela, y algo en su pecho se ablandó con compasión. «Gabriela, ¿por qué estás tan enfadada? Dímelo, por favor». Su voz era baja y suave, como una brisa tranquilizadora.
Había decidido no volver a preguntarle nunca más por su pasado con Allan. Lo que importaba era su futuro, no las sombras que la perseguían, y por eso no permitiría que nuevos malentendidos echaran raíces.
Al oír su tono tranquilo, la ira rígida de Gabriela comenzó a disiparse. Abrió la boca. —La última vez, Truett…
𝘛𝘶 𝗽ró𝗑і𝗺𝗮 𝘭еc𝗍𝘂𝗿𝘢 𝗳а𝘃оrі𝘁а e𝘴𝘵𝘢́ 𝘦𝘯 n𝗼𝘷𝖾𝘭as𝟦𝘧𝘢𝗻.c𝘰𝘮
—¡Gabriela! —la interrumpió Myah antes de que pudiera terminar.
Comprendió de inmediato por qué le había exigido que se marchara. Si Wesley se enteraba de ese asunto, cualquier esperanza de casarse con él se esfumaría. No podía dejar que Gabriela hablara.
Con un gemido de desesperación, se lanzó hacia delante, golpeando el suelo con la frente en una brutal reverencia. La velocidad fue aterradora. Antes de que nadie pudiera reaccionar, se había golpeado la cabeza tres veces. Su piel se rasgó y la sangre chorreó en un fino y alarmante hilo rojo.
«Gabriela, ¿qué debo hacer para ganarme tu perdón? ¡Juro que nunca volveré a tocar tu anillo!». Su voz se quebró aún más. «En cuanto a Brenden… ¡nunca quise hacerle daño! ¿Debo morir para que me perdones?».
Con un ojo oculto bajo una gasa, las lágrimas derramándose libremente y la sangre manchándole la frente, Myah parecía medio loca y totalmente lamentable. El corazón de Loretta se hizo añicos de nuevo, con el último deseo de Allan resonando en su mente. La pobre niña ya luchaba contra la depresión, y ahora la persona en quien más confiaba la estaba alejando.
Loretta se apresuró a ayudarla a levantarse. «Myah, basta. Si Gabriela no te deja quedarte, puedes venir a vivir conmigo, ¿de acuerdo?».
«No». La mirada de Myah se aferraba obstinadamente a Gabriela. «Si no me perdonas, me arrodillaré aquí para siempre».
La escena ya había atraído a un pequeño grupo de curiosos. Los vecinos se habían reunido en la entrada, susurrando y señalando. A Gabriela se le revolvió el estómago de asco. Dio un paso atrás. «Pues arrodíllate si tienes que hacerlo. Tú…»
Antes de que pudiera terminar, Loretta finalmente perdió la compostura. «Gabriela, Myah aún es joven. Tú solías quererla más que a nadie… ¿por qué ser tan cruel ahora?».
«Abuela». Wesley intervino con el ceño fruncido. «Tú conoces a Gabriela. No hables así de ella».
Loretta se arrepintió de las palabras en el instante en que salieron de su boca. Gabriela era la madre de su bisnieto… una buena mujer. Esas palabras seguramente la habían herido profundamente. Se dispuso a explicarse, pero Gabriela ya se había dado la vuelta y se había retirado al interior.
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