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Capítulo 698:
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Gabriela se había volcado en los preparativos del banquete de cumpleaños de Lilian durante los últimos días, con una energía contagiosa mientras se ocupaba de cada detalle. Lilian observaba sus incansables esfuerzos con silencioso aprecio.
Mientras Bernice firmaba un autógrafo para Gabriela, Lilian se acercó a su hija y murmuró: «Esta joven me cautiva».
Presley soltó una carcajada. «A mí también me produce ese efecto».
Una idea repentina brilló en sus ojos, y rápidamente añadió: «Madre, yo la vi primero. No puedes quitármela. »
Allá por cuando Wesley pidió ese codiciado bolso para Gabriela, Presley se había sentido atraída por aquella joven capaz.
Presley había viajado por todo el mundo durante el último año, aceptando de vez en cuando invitaciones de la realeza y disfrutando de estancias en palacios.
Si no fuera por el octogésimo cumpleaños de su madre, que la retenía allí hoy, probablemente seguiría descansando bajo alguna impresionante puesta de sol.
A pesar de sus años, el espíritu de Lilian brillaba con fuerza mientras clavaba en su hija una mirada penetrante. «¿Estás segura de que quieres enfrentarte a mí por una chica prometedora? Con tu vida ociosa, ¿podrías realmente desarrollar el potencial de Gabriela?»
La respuesta de Presley denotaba una confianza inquebrantable. «Mi reputación eclipsa a la tuya».
𝘈𝘤𝘤𝘦𝘴𝘰 𝘪𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘢́𝘯𝘦𝘰 𝘦𝘯 𝘯𝘰𝘷𝘦𝘭𝘢𝘴4𝘧𝘢𝘯.𝘤𝘰𝘮
A Lilian se le escapó una risa, aunque la reflexión reveló la verdad de aquellas palabras.
Aprender de su hija sin duda abriría horizontes más amplios para Gabriela.
Lilian cedió y dijo: «Muy bien, será tuya».
La pareja de madre e hija decidió el destino de Gabriela como heredera del arte de la familia Crawford con una finalidad despreocupada.
Presley se disponía a hablar de aceptar a Gabriela como su protegida cuando se fijó en que Bernice le estrechaba la mano a Gabriela, con una mirada que irradiaba un cariño inconfundible.
—Dime, Gabriela, ¿te atrae de verdad la música clásica? —preguntó Bernice.
El asentimiento de Gabriela denotaba certeza. —Sí.
Bernice se inclinó hacia ella con genuina curiosidad. —Pero ¿comprendes su esencia? ¿Entiendes lo que late bajo su superficie?
La juventud de hoy vivía a toda prisa, en busca de emociones superficiales y satisfacciones fugaces. Muy pocos poseían la paciencia necesaria para abrazar las profundidades del arte tradicional.
La respuesta de Gabriela fluyó con mesurada seriedad.
«La música clásica lleva consigo siglos de historia. Es…»
Su invitación a Bernice había exigido una preparación minuciosa. Cuando habló de los orígenes y la evolución de la música clásica, sus palabras transmitían una autoridad serena y una profundidad cautivadora.
Bernice quedó impresionada por su profundo conocimiento de la música clásica. La pregunta salió casi sin pensarlo. «Gabriela, ¿considerarías estudiar bajo mi tutela?»
Presley y Lilian intercambiaron miradas de sorpresa.
Aunque Lilian apreciaba la música clásica con devota pasión, se negaba a dejar que Bernice reclamara a la sucesora elegida por su hija.
Intervino rápidamente: «Sra. Thomas, la formación musical exige una base desde la infancia. ¿No sería demasiado tarde para Gabriela?».
La sorpresa se reflejó en el rostro de Gabriela ante la inesperada oferta de Bernice.
La preparación vocal clásica solía comenzar a una edad temprana. La decepción ensombreció la expresión de Bernice, aunque su determinación permaneció inquebrantable. «Gabriela posee un talento natural. Con un esfuerzo dedicado, aún podría lograr algo significativo».
La reunión continuó a su alrededor.
Algunos invitados representaban el distinguido círculo de Lilian, mientras que muchos otros eran entusiastas admiradores de Bernice.
Los oyentes cercanos se animaron cuando Bernice mencionó la posibilidad de aceptar a una alumna, y sus miradas curiosas se posaron en Gabriela con evidente intriga.
¿Quién era esa misteriosa joven? ¿Cómo había cautivado a Bernice con tanta aparente facilidad?
Consciente de sus limitaciones, Gabriela declinó la oferta con sincera humildad. «Mi voz carece de las cualidades necesarias. Solo le causaría decepción, señora Thomas».
El pesar se reflejó en el suspiro de Bernice, aunque no insistió en el asunto. En su lugar, le puso un diapasón en la mano a Gabriela. «Este es un regalo para ti. Ven a verme cuando tu agenda te lo permita».
Gabriela lo aceptó sin dudar. «Gracias, Sra. Thomas».
Al presenciar este intercambio, Lilian sacó una exquisita pulsera para Gabriela.
Estaba hecha de plata de ley y tenía una luminosa perla cultivada que le daba un toque de sofisticación refinada.
Gabriela intuyó el valor de la pulsera y se apresuró a rechazarla. «Sra. Crawford, esta es su fiesta de cumpleaños. ¿Cómo podría aceptar tal generosidad?».
Su propio regalo para Lilian había tenido un precio modesto, sin superar los tres dígitos.
Pero la insistencia de Lilian resultó inquebrantable.
La intervención de Presley zanjó finalmente el asunto. «Gabriela, acéptalo con elegancia. Toda la atención está puesta en ti».
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