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Capítulo 480:
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Fiona habló con una confianza inquebrantable, convencida de que sabotear la fiesta de compromiso haría que Wesley se fuera con Gabriela.
El corazón de Gabriela dio un pequeño vuelco. La idea de arruinar la fiesta y luego vivir feliz para siempre con Wesley era algo con lo que nunca se había atrevido a soñar. Sin embargo, si realmente sucediera, sería tan maravilloso que casi le dolía el pecho solo de pensarlo.
Respiró hondo. —Déjame pensarlo.
Fiona la instó, con un tono agudo y amenazante: «¡Dímelo mañana por la mañana! Di que sí y te traeré el vestido. Tienes que decidirte rápido, si no, Wesley acabará con Rebecca».
«De acuerdo». Gabriela asintió.
Solo tras obtener esa respuesta, Fiona salió del coche.
Brenden se acercó, con un destello de curiosidad en los ojos. «¿Cómo ha ido?».
«A juzgar por su cara, está tentada», dijo Fiona triunfalmente, con una sonrisa de satisfacción esbozándose en sus labios. «Realmente soy un genio por haber ideado este plan».
En su mente, el resultado estaba claro. Si Gabriela irrumpía en la fiesta, Wesley sin duda se iría con ella. Rebecca quedaría humillada, y su familia podría incluso romper los lazos con la familia Moss. Ese sería el momento perfecto para ella para actuar. Su familia era tan formidable como los Howard, lo que la convertía en la elección perfecta como futura esposa de Wesley.
Brenden levantó la mano con una sonrisa, mostrándole el pulgar hacia arriba. «¡Impresionante!»
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Gabriela regresó a casa.
Loretta la esperaba en el salón con Truett en brazos, y su rostro se iluminó en cuanto Gabriela cruzó la puerta. «¡Por fin has vuelto! Rebecca es increíble: ponerse tan nerviosa por una simple fiesta de compromiso y hacerte llegar tan tarde».
Inmediatamente se preocupó por Gabriela, preguntándole si quería comer algo y ofreciéndose a cocinar para ella.
La mirada de Gabriela se suavizó al ver a Loretta. La amabilidad de Loretta la envolvió como una manta. Si alguien como ella pudiera convertirse en parte de la familia, pensó Gabriela, entonces la felicidad no tendría límites.
Todos eran figuras distinguidas del mundo de los negocios, vestidos con sus mejores galas, ofreciendo felicitaciones y lujosos regalos.
Rebecca aceptaba cada uno de ellos con elegancia refinada, con voz cálida y modales impecables. La multitud la admiraba en silencio, impresionada por su porte noble.
Una vez que todos los invitados se hubieron reunido, el anfitrión subió al escenario principal y comenzó a anunciar el compromiso entre las dos poderosas familias. Abajo, Rebecca se encontraba frente a Wesley, con el rostro radiante de felicidad mientras lo miraba. Solo era un compromiso, pero en su corazón ya se sentía como un matrimonio. Este hombre sería suyo; no había duda. Aunque su corazón perteneciera a otra, ella juró que nunca lo dejaría escapar, no en esta vida.
Después de que el anfitrión terminara de pronunciar las palabras de bendición, declaró que era el momento de que la pareja intercambiara los anillos.
Rebecca extendió la mano hacia Wesley, con una sonrisa brillante y alegre posada en sus labios.
Pero Wesley no se movió. Se quedó paralizado, en silencio durante lo que pareció una eternidad.
Los mensajes de Gabriela resonaban en su mente. La lógica le decía que él y Gabriela nunca podrían tener un futuro. Sin embargo, en ese momento, deseaba más que nada que ella apareciera.
«¡Me opongo a este compromiso!»
Una voz resonó, atravesando el salón como una espada.
Todas las cabezas se giraron. Fiona estaba de pie en la entrada, audaz e imperturbable. A su lado se encontraba una figura alta con un impecable vestido blanco, con velo y guantes que completaban un look impresionante.
Aquella llamativa entrada acaparó al instante toda la atención, eclipsando el resplandor de Rebecca y dejando claro que habían venido a montar un escándalo. Los invitados intercambiaron miradas de sorpresa, apartándose instintivamente para despejar el paso al intuir el drama.
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