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Capítulo 373:
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Stewart se levantó de la silla y se acercó a la maqueta, con la mano temblando ligeramente mientras se la llevaba para arrancar un trozo.
La destrucción de algo que apreciaba tan profundamente le provocó oleadas de dolor en el pecho, pero se obligó a completar el acto.
Luchando contra su confusión interior, Stewart cogió el teléfono y marcó el número de Gabriela.
«La maqueta ha sufrido daños de nuevo. ¿Podrías venir a repararla?»
En ese preciso momento, Erik llamó a la puerta y entró, fijando inmediatamente la mirada en la escena que tenía ante sí. Un ligero tic se dibujó en la comisura de su boca mientras asimilaba lo que estaba presenciando.
El comportamiento de su jefe se había vuelto cada vez más errático en las últimas semanas.
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Gabriela llegó justo cuando el reloj daba las doce.
La confusión se reflejó en su rostro mientras examinaba la maqueta rota. «¿No la acababan de reparar hace unos días? ¿Cómo se ha roto tan rápido?»
La voz de Stewart sonaba cortante mientras se burlaba. «Esta creación lleva tu firma, pero la calidad de la fabricación resulta decepcionantemente frágil. Tu servicio posventa deja mucho que desear».
Erik permaneció de pie cerca de allí, manteniendo una expresión cuidadosamente neutra mientras su jefe tejía su descarada mentira. Su mirada permaneció fija en el suelo bajo sus pies.
Gabriela mantuvo su característica paciencia y elegancia. «Por favor, no se preocupe por esto, señor Williams. Le prometo que lo dejaré en perfectas condiciones hoy mismo».
La suerte le sonrió: aún disponía de los materiales necesarios de su anterior compra. Consultó el plano original y se sumergió de inmediato en el delicado trabajo de restauración.
Stewart le indicó a Erik que se marchara, luego se acomodó en una silla cercana, apoyando la barbilla en la mano mientras observaba sus meticulosos esfuerzos.
Gabriela había perdido algo de peso últimamente, pero su piel conservaba su luminosidad. La forma en que se inclinaba sobre su trabajo, completamente absorta en la tarea, poseía un magnetismo inesperado.
Stewart se encontró recordando las observaciones anteriores de Erik.
A lo largo de sus treinta y tres años de vida, Gabriela era la única mujer que había logrado captar su implacable atención.
Habían pasado seis años desde que ella se le acercó por primera vez, aferrando una maqueta con sus manos temblorosas, con voz sincera mientras le suplicaba que lo considerara. Se había esforzado al máximo explicándole los profundos beneficios de desarrollar software para personas con discapacidad visual.
En aquel entonces, su juventud la hacía parecer casi infantil a sus ojos experimentados. Sin embargo, cada detalle de aquel encuentro permanecía grabado en su memoria con sorprendente claridad y, de alguna manera, ella había logrado influir en su decisión.
Una repentina curiosidad se apoderó de Stewart: se preguntaba desesperadamente cómo lo percibiría Gabriela en lo más profundo de su corazón.
En ese preciso momento, ella levantó la cabeza y se encontró con su intensa mirada. « ¿Qué te impulsa a mirarme con tanta intensidad?»
Sus ojos brillaban con una claridad cristalina, enmarcados por unas lujosas pestañas oscuras. Su mirada parecía atravesarle el alma, haciendo que el corazón de Stewart se acelerara contra sus costillas.
Rápidamente desvió la mirada, titubeando con una excusa improvisada. «Estaba observando tus técnicas de reparación».
Más allá de la línea de visión de Gabriela, se presionó discretamente la palma de la mano contra su corazón acelerado.
El ritmo atronador lo delató por completo.
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