✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 1099:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Sin embargo, incluso la familia Hopkins tenía un supervisor: el Consejo de Ancianos. Creado originalmente para supervisar a los jefes de las principales familias, el consejo había recibido poderes para garantizar el orden y la rendición de cuentas. Pero con el paso del tiempo, su influencia se extendió más allá de la mera supervisión. Insatisfechos con su papel limitado, comenzaron a interferir en los asuntos familiares, manipulando a quienes estaban en el poder para consolidar su propia autoridad.
Si el consejo se enteraba de cómo Nate había manejado la sucursal colateral de Hopkins que se había derrumbado, no haría la vista gorda. Las palabras anteriores de Ralph dejaban clara su postura: desconfía del alcance del Consejo de Ancianos.
Nate dejó la taza sobre la mesa y habló con su tono frío habitual. —Si desean investigar, la justicia debe prevalecer. Pero antes de que emitan su veredicto, me gustaría preguntarles cómo piensan abordar el delito de conspirar contra mi futura esposa.
El rostro de Ralph se retorció como un cable enredado. Frunció el ceño y una expresión de conmoción se dibujó en su rostro. —¿Qué acaba de decir?
Estudió a Nate con atención, su mente acelerada, formando una hipótesis audaz e inquietante.
Nate se reclinó en su asiento, cruzando una pierna sobre la otra y entrelazando los dedos sobre la rodilla. Su mirada permaneció tranquila, indescifrable. —Ya me has oído. No dejaré que nadie que se atreva a hacer daño a mi futura esposa quede libre. Si aún no los he matado, es solo porque estoy dispuesto a transigir, por el bien de la familia.
Corrine sintió una punzada en el corazón. Futura esposa…
Esas dos palabras le provocaron una extraña y desconocida sensación de calidez, un sentimiento de pertenencia que nunca había esperado sentir.
Ralph, sin embargo, estaba todo menos contento. Apretó con fuerza el borde de la mesa, hasta que se le pusieron blancos los nudillos. —¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? ¿Desafiarías al Consejo de Ancianos por una mujer? ¿De verdad crees que no te castigarán?
Las figuras poderosas siempre atraían el resentimiento. La familia Hopkins no era una excepción. Su riqueza se había construido sobre vastas minas de metal y sus activos eran inconmensurables. Pero tal prosperidad engendró codicia y discordia. Las luchas internas se enconaban dentro de la familia principal, mientras que las ramas secundarias acechaban como buitres, esperando una oportunidad para atacar. Si el Consejo de Ancianos decidía intervenir, la familia Hopkins sufriría mucho. Nate lo sabía mejor que nadie.
Y, sin embargo, a pesar de los riesgos, se mantuvo firme, interponiéndose entre Corrine y la tormenta que se cernía sobre ellos. Para Ralph, era una auténtica locura.
Su paciencia se agotó. Su voz sonó ronca por la indignación. —¡Parece que has olvidado todo lo que te enseñé!
—Golpeó la mesa con la mano—. ¿De verdad estás dispuesto a arriesgar el futuro de la familia Hopkins por ella?
—Ella es mi futura esposa. Mi compañera para toda la vida. Y la futura matriarca de la familia Hopkins. —Nate permaneció impasible, inquebrantable. No era una súplica. No era una petición. Era un hecho innegable.
Corrine nunca imaginó que Nate la defendería con tanta intensidad. Parpadeó sorprendida, con la mirada fija en él, luchando por procesar lo que acababa de pasar. Su voz resonaba en sus oídos, firme e inquebrantable. «Es mi futura esposa. Mi compañera para toda la vida. Y la futura matriarca de la familia Hopkins».
.
.
.