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Capítulo 989:
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«¡Te sacaré de aquí!», declaró Miley con firmeza, aunque el agotamiento en el rostro de Bertha dejaba claro que estaba demasiado débil para continuar. Miley la guió para que descansara bajo un árbol cercano, asegurándole: «Puedes descansar aquí. Encontraré una salida». Dicho esto, Miley se dio la vuelta y se alejó.
Deambuló por el bosque durante lo que le pareció una eternidad, pero sus esfuerzos no dieron ningún resultado. El entorno coincidía con la descripción que Wyatt había hecho de una isla deshabitada, y Miley comenzó a perder la esperanza.
Justo cuando estaba a punto de volver sobre sus pasos para encontrar a Bertha, fue recibida por el relajante sonido de un arroyo.
Su corazón se alegró mientras se apresuraba hacia el sonido, y su expectación crecía con cada paso. Pronto llegó al arroyo y encontró un bote amarrado a la orilla.
Lleno de alegría, corrió hacia el bote y lo examinó rápidamente. Estaba ligeramente dañado, pero parecía funcional.
Sin perder tiempo, regresó junto a Bertha.
Ayudó a Bertha a ponerse de pie. «He encontrado un bote. Aguanta un poco más. Nos sacaré de aquí».
Mientras Miley ayudaba a Bertha a subir al bote, una ola de alivio la invadió.
Pero entonces, la realidad se impuso. No sabía remar.
A pesar de su incertidumbre, comprendía la urgencia de la situación. Con la llegada de la noche, permanecer en la isla suponía un peligro considerable.
Con una determinación ardiente en su interior, Miley agarró el remo con firmeza. Su resolución de sobrevivir la impulsó hacia adelante, a pesar de la incertidumbre y los retos que le esperaban. Permanecer en la isla reduciría significativamente las posibilidades de supervivencia de Bertha.
Miley remó con determinación inquebrantable, con la mirada fija en la dirección de la puesta de sol.
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Al ver a Bertha temblando, Miley se quitó el abrigo y se lo puso encima. «Aguanta, por favor. Pronto estaremos a salvo».
Con los ojos cerrados, la mente de Bertha se sentía enredada en el caos. Cuando abrió los ojos aturdida, se encontró con la expresión preocupada de Miley.
Con voz débil, murmuró: «Eres una buena chica. Si consigues escapar, podrías ser la novia de Neville».
Miley se quedó impactada, con lágrimas corriendo incontrolablemente por sus mejillas. Sin embargo, en medio del torrente de emociones, sabía que no era momento para sentimentalismos. Reunió fuerzas, se secó las lágrimas y le susurró a Bertha: «Quédate tranquila. Ahorra energías. Te sacaré de aquí».
Bertha miró en silencio a Miley, con los ojos llenos de un tierno afecto que no necesitaba palabras para comunicarse.
Los acontecimientos del día le hicieron darse cuenta de algo muy importante: nada era más importante que el simple regalo de la vida misma. La ayuda de Miley ablandó el corazón de Bertha, aliviando su anterior obsesión por la prosperidad del Grupo Pierce y otorgándole una nueva perspectiva.
A medida que su entorno se desvanecía en la oscuridad, Bertha cerró los párpados y sucumbió a la inconsciencia.
Al ver el estado de Bertha, la ansiedad de Miley aumentó. Aceleró el paso, con la desesperada esperanza de que el rescate llegara pronto.
Afortunadamente, su navegación resultó correcta y el bote llegó a la orilla en poco tiempo. El agotamiento se apoderó de Miley. Con un suspiro de cansancio, dejó a un lado el remo y jadeó para recuperar el aliento, con el pecho subiendo y bajando con cada respiración entrecortada. Una vez que recuperó la compostura, Miley se volvió hacia Bertha. «Es hora de despertar. Ya hemos llegado…».
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