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Capítulo 845:
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Levantó una ceja, con una expresión de satisfacción engreída.
Stella estaba atónita. No había previsto que Elizabeth expusiera y explotara públicamente la vulnerabilidad de Rose. Se sentía extremadamente nerviosa.
Si nadie creía a Rose, ¿cómo podría ganar a Elizabeth?
La rueda de prensa se había convertido en una farsa, que no resolvía el problema, sino que lo exacerbaba.
Luther estaba furioso. Le gritó a Stella: «Explícate o acabaremos con esta farsa. A partir de hoy, debes renunciar a la producción y disculparte con Elizabeth».
Elizabeth intervino: «Si me pides perdón, olvidaré lo sucedido».
La mente de Stella daba vueltas. Sus ojos se dirigieron inconscientemente hacia la multitud, buscando a Matthew. Pero no lo encontró por ninguna parte.
Stella se obligó a mantener la calma, pero no pudo reprimir el pánico que le invadía el pecho.
Una disculpa estaba fuera de cuestión. Sería admitir su culpabilidad, asumir la responsabilidad por algo que no había hecho.
No sería el chivo expiatorio de Elizabeth.
Aún le quedaba una pizca de esperanza. Stella agarró su teléfono. Creía en Matthew con todo su ser.
Sin embargo, su silencio no sentó bien al público. Los medios de comunicación estallaron en un frenesí.
«¡Stella, responde a la pregunta! ¿Sobornaste al maquillador de Elizabeth para que la difamara?».
«¿Tu silencio no confirma la inocencia de Elizabeth?».
«¿El Sr. Clark está al tanto de tus acciones?».
«¿Estás admitiendo tu culpabilidad al permanecer en silencio?».
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«No hemos oído toda la historia. ¿Por qué culpar a Stella después de escuchar solo la versión de Elizabeth?».
«El director está claramente parcializado hacia Elizabeth».
Mientras los periodistas enviados por Waldo ofrecían su apoyo, los medios de comunicación en general lanzaron un ataque feroz contra Stella.
La situación se convirtió en un caos.
Stella se sentía como si estuviera en el vacío, con la cabeza a punto de explotar.
Se quedó sin palabras. Ella era la verdadera víctima, pero su voz fue ignorada.
La rueda de prensa se retransmitía en directo.
Matthew la veía desde su coche, aparcado fuera del recinto, con la mandíbula apretada y una vena palpitando en la sien.
Quería ayudar a Stella desesperadamente, pero su presencia solo empeoraría la ya caótica situación. Stella tenía que capear esta tormenta por sí sola.
Cogió el teléfono y ordenó: «Rose es inútil. Juguemos nuestra carta ganadora».
El implacable aluvión de preguntas y acusaciones agotó a Stella.
Mientras buscaba desesperadamente las palabras adecuadas, se produjo un gran alboroto en el exterior. Un coche entró chirriando en el recinto, silenciando momentáneamente a la atónita multitud.
Se detuvo frente al escenario y Leo salió lentamente, apoyándose en la puerta del coche.
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