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Capítulo 835:
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No era otra que Elizabeth.
Matthew frunció aún más el ceño y preguntó con frialdad: «¿Cómo demonios has entrado aquí?».
El Grupo Prosperity tenía un protocolo de seguridad muy estricto. A excepción de los empleados, cualquier otra persona que quisiera entrar en las instalaciones tenía que contar con un permiso.
Y era imposible que él le hubiera concedido ese permiso a Elizabeth.
Con una sonrisa, Elizabeth se tocó la mejilla con el dedo índice y dijo provocativamente: «La culpa es de mi cara. El parecido entre tu esposa y yo es bastante sorprendente. Cuando los guardias de seguridad me vieron, no pudieron distinguir que no era ella. Incluso me hicieron una reverencia y me dejaron entrar».
Mirándola con desprecio, Matthew preguntó entre dientes: «¿Y qué es lo que quieres?».
Elizabeth ladeó ligeramente la cabeza y se deleitó con la mirada en el hombre que tenía delante.
Con voz sincera, respondió: «Te quiero a ti».
Matthew frunció el ceño con un gesto impenetrable y, con actitud inflexible, le dio un ultimátum.
«Vete o daré instrucciones a los guardias de seguridad para que te acompañen fuera del recinto, mancillando tu reputación en el proceso».
Con un giro decisivo, se alejó con paso firme, sus pasos resonando con el peso de su determinación.
«No vuelvas».
Sin embargo, Elizabeth permaneció clavada en el sitio, imperturbable ante el humillante rechazo de Matthew.
«Tengo algunos asuntos urgentes que discutir contigo hoy».
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Ignorándola, Matthew siguió caminando, con una postura rígida y desdeñosa.
Sin desanimarse, Elizabeth insistió, con un tono desafiante en la voz.
«Se trata de Stella».
Matthew se detuvo bruscamente, con el rostro contorsionado por la furia reprimida mientras se daba la vuelta.
«Elizabeth, deja de decir tonterías», le advirtió entre dientes, con la paciencia agotándose.
Sin inmutarse por su advertencia, Elizabeth esbozó una sonrisa despectiva.
«Y si lo hago, ¿me dejarás marchar?».
El silencio de Matthew lo decía todo, confirmando sus pensamientos. Nunca había considerado dar marcha atrás desde que decidió ir tras Stella.
—Te daré un minuto —cedió Matthew a regañadientes, con su actitud gélida delatando su impaciencia.
Elizabeth no perdió tiempo.
—Cuando Leo intentó violarme, sin darse cuenta pronunció unas palabras condenatorias sobre Stella. Tengo una grabación de su confesión.
Elizabeth observó con satisfacción cómo el rostro de Matthew se ensombrecía, con una mezcla de rabia y aprensión reflejada en sus rasgos.
En ese momento, el corazón de Elizabeth se llenó de emociones contradictorias.
Mantuvo la compostura mientras profundizaba en la negociación.
«Si aceptas acompañarme unas cuantas noches al mes, me abstendré de hacer públicas estas grabaciones. Sin embargo, si te niegas, ya sabes lo que haré».
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