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Capítulo 650:
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Lo había perdido todo y se negaba a vivir una vida destrozada. La venganza y el poder eran su última baza.
Matthew, jadeando y sudando, aún conseguía mantener la compostura y la dignidad.
Sabía que tenía que ser fuerte. Cualquier signo de debilidad podría poner a Stella en mayor peligro.
La respuesta de Matthew fue una sonrisa burlona. «¡Ni lo sueñes!».
Benny, imperturbable, se limitó a sonreír fríamente. «Te arrepentirás de esto».
Justo después de que Benny hablara, Matthew oyó una voz familiar. «Matthew…».
Se incorporó y empezó a buscar el origen de la voz. Entonces, una mujer empezó a caminar hacia él.
Entrecerrando los ojos, Matthew intentó distinguir quién era. Parecía Stella, sobre todo porque llevaba el vestido amarillo claro de esa mañana.
«Stella…». Una sonrisa se extendió por el rostro de Matthew, cuyo comportamiento, normalmente resuelto, ahora vacilaba ligeramente.
La conciencia de Matthew comenzó a desvanecerse, con un solo pensamiento rondándole la cabeza. Era que Stella estaba allí.
Extendió débilmente la mano y murmuró: «Stella, vamos a casa». Sus fuerzas se estaban desvaneciendo y luchaba por mantenerse erguido, apoyándose pesadamente en la mesa. Se desplomó en su asiento, jadeando en busca de aire, y vio a una mujer que se acercaba a él.
Mientras «Stella» lo ayudaba a levantarse, quedando cara a cara, Matthew sintió un aroma desconocido que lo inquietó.
Pronto se dio cuenta de que no era Stella. Repugnado, apartó su mano, murmurando: «¡No me toques!». Sin embargo, su voz era débil, sin ninguna amenaza real. Algo también fallaba en su cuerpo. Una extraña calidez se extendía por él, como si estuviera en un horno.
Mirando su reloj, Benny le comentó a Leslie: «Te lo dejo en tus manos. Espero buenas noticias».
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Mirando fijamente a Matthew, Leslie asintió tímidamente. Una vez que Benny se marchó, la mirada de Leslie sobre Matthew se volvió más descarada.
Este era el hombre que había anhelado y ahora, por fin, estaban cerca.
«Matthew…». Leslie se acercó a él, con los dedos temblorosos por la emoción, y comenzó a desabrocharle la corbata.
«Vete a la mierda. No me toques». La voz de Matthew era débil, un intento inútil de resistirse, pero le faltaban fuerzas para apartarla.
Mientras Leslie le aflojaba la corbata, la expresión de su rostro parecía distante y fría.
Ella se detuvo, negándose a continuar, con el corazón oprimido por la ansiedad.
Esto era territorio nuevo para Leslie, y le inquietaba lo que pudiera pasar cuando Matthew recuperara el sentido.
Sin embargo, este momento era algo que había anhelado, algo con lo que había soñado. Si se echaba atrás ahora, sabía que el arrepentimiento la perseguiría.
Era su única oportunidad.
Sus ojos se posaron en la botella de vino que había sobre la mesa. Con un movimiento rápido, la agarró y se bebió el vino que quedaba.
El alcohol le dio un estallido de valor, alimentando su determinación de aprovechar el momento que tanto había anhelado. La idea de la posible ira de Matthew más tarde no la disuadió. Estaba dispuesta a afrontar cualquier consecuencia, cualquier palabra dura, solo para tener este momento con él. No quería mucho. Solo quería estar con Matthew. Y por eso, estaba dispuesta a soportar cualquier cosa.
«Matthew, te quiero. Desde que te vi por primera vez, siento algo por ti», dijo Leslie, mirando a Matthew con intensa emoción. «Pero ¿por qué sigues rechazándome? ¿Crees que no soy tan buena como Stella? Haría cualquier cosa por ti, incluso las cosas que ella no puede hacer».
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