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Capítulo 564:
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Frunció el ceño, concentrada, tratando de reconstruir la fugaz imagen del espejo retrovisor.
Mientras reflexionaba sobre el dibujo, sonó el timbre. Era Matthew, que había llegado mucho antes de lo esperado. Stella le preguntó sorprendida: «¿Por qué has venido ya? Creía que habíamos quedado para comer».
Matthew observó el rostro pálido de Stella con expresión preocupada.
Había notado que algo no iba bien durante su conversación telefónica y no había podido concentrarse en el trabajo, lo que le había llevado a venir antes de lo previsto.
«Estaba preocupado por ti. ¿Qué pasa? Esta mañana parecías diferente». La observó atentamente, buscando cualquier signo de angustia.
Stella invitó a Matthew a entrar y comenzó a contarle lo que había pasado esa mañana. «Después de que te fueras, llamé a Miley, pero me enteré de que estaba de viaje de negocios. Así que tomé un taxi…«
Ella dudó, y el destello de miedo en sus ojos delató su intento de mantener la compostura. «Vine directamente al estudio». Matthew notó el breve temblor en su voz. La miró fijamente, buscando la verdad. «¿Eso es todo lo que pasó? ¿Nada inusual en el camino? Stella, por favor, no me ocultes nada».
Ante la mirada inquisitiva de Matthew, Stella dudó antes de admitir: «Había un taxista extraño. Conducía de forma temeraria y me puso nerviosa. Pero ahora estoy bien».
La expresión de Matthew se intensificó, al percibir su renuencia a revelar toda la historia. «Stella, hay algo más, ¿verdad? ¿Por qué no me lo cuentas todo? ¿He hecho algo mal?».
La expresión de Stella se tensó, al darse cuenta de que ya no podía ocultar la verdad. Al fin y al cabo, el taxista iba tras Matthew. Matthew investigaría todo el asunto tarde o temprano.
«Antes de bajar del taxi, el conductor me dio un mensaje para ti. Dijo que había vuelto y que ya no tendrías paz».
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La actitud de Matthew se volvió seria. «¿Viste cómo era?».
Ella negó con la cabeza. «Llevaba una gorra. No pude verle bien la cara. Pero intenté dibujarlo a partir de lo que recuerdo».
Stella le entregó el dibujo que había hecho antes. «Tenía la voz ronca, como si hubiera pasado por una experiencia traumática».
Matthew estudió el boceto y en sus ojos brilló una mirada de reconocimiento. «De acuerdo», murmuró, con la mente llena de pensamientos.
Stella observó a Matthew, consciente de la gravedad de la situación. Tras un largo silencio, se atrevió a preguntar: «¿Lo reconoces?».
Matthew volvió a la realidad y guardó cuidadosamente el boceto. «Lo investigaré a fondo», le aseguró.
Stella asintió con la cabeza, con el rostro marcado por la preocupación. Tenía claro que Matthew no sabía quién era aquel hombre. La incertidumbre de enfrentarse a un enemigo invisible pesaba mucho en su mente.
Matthew, ajeno a la confusión interna de Stella, le acarició suavemente la cabeza. «Me alegro de que estés a salvo. Pero creo que es mejor que te lleve yo en coche a partir de ahora».
Stella dudó, dividida entre su independencia y su seguridad. Al final, la idea de otro encuentro peligroso la obligó a aceptar. «De acuerdo. Pero tú también ten cuidado», le instó.
««¿Por qué dices eso?», preguntó Matthew, con un tono de confusión en su voz.
La voz de Stella era baja pero firme. «Se acerca el cumpleaños de tu abuela. No podemos permitir que nada lo ponga en peligro. Se preocuparía demasiado».
Matthew asintió con la cabeza.
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