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Capítulo 477:
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«No te muevas. Ya casi está», dijo Matthew con una voz baja y magnética.
Stella no sabía si los ocasionales roces de Matthew eran intencionados o accidentales. Mientras la ayudaba con la cremallera, sus dedos rozaban ocasionalmente su espalda.
Sus fríos dedos trazaban un camino deliberado por su columna vertebral y, con cada suave roce, un escalofrío recorría su cuerpo.
Su corazón se aceleró involuntariamente y una oleada de excitación la invadió. Apretó las manos, aunque sus palmas ya estaban húmedas por el sudor.
Después de lo que pareció una eternidad, la voz de Matthew rompió el silencio desde atrás. «Ya está».
Stella exhaló aliviada y bajó la mano.
Justo cuando estaba a punto de darse la vuelta, Matthew le puso las manos en los hombros y la guió suavemente hacia el espejo del vestidor.
Stella se miró en el espejo, atónita.
El vestido tenía un diseño de cintura alta, que se ceñía a sus curvas desde la cintura hasta las caderas y luego caía con elegancia por sus piernas.
Adornado con delicadas perlas, desprendía un aire de nobleza, elegancia y un sutil encanto.
Cuanto más se miraba Stella, más le gustaba el vestido.
Mientras se maravillaba con su reflejo, Matthew de repente le tomó las manos y la giró para que lo mirara.
Stella se tensó, y sus nervios resurgieron. Justo cuando estaba a punto de empujarlo, se dio cuenta de que solo estaba inspeccionando las costuras.
Al malinterpretar sus acciones, Stella sintió una punzada de vergüenza y bajó la mirada.
Pero al momento siguiente, Matthew le levantó suavemente la barbilla y la miró fijamente a los ojos.
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Bajo su prolongado escrutinio, Stella se sintió cada vez más incómoda. —¿Está bien ahora? ¿Hay algo más que haya que ajustar?
—Perfecto. —La voz de Matthew, llena de entusiasmo y confianza, rompió la tensión—. Este vestido es un éxito rotundo.
Dos días después, Stella revisó meticulosamente su diseño y la muestra de ropa por última vez. Satisfecha de que todo estuviera en orden, cogió el teléfono y marcó el número de Mia.
«Hola, Mia», saludó Stella con un toque de nerviosismo, y rápidamente le explicó su propósito. «¿Cuándo podemos vernos para que te presente el borrador?».
Al otro lado de la línea, el entusiasmo de Mia seguía intacto. «Puedes venir esta noche. Antes de irme de Seamarsh, tengo pensado seleccionar a un diseñador adecuado para colaborar».
Los nervios de Stella seguían aumentando. «De acuerdo, espero con impaciencia nuestra reunión de esta noche».
Después de colgar, respiró profundamente varias veces, tratando de calmar su inquietud.
En cualquier caso, el simple hecho de saber que Mia ya estaba interesada le parecía un golpe de suerte. El resto, razonó, dependía del destino. Con este reconfortante pensamiento, Stella comenzó a prepararse para la cita de esa noche.
Seleccionó un vestido largo adornado con perlas de su armario.
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