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Capítulo 453:
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Cuando volvió a bajar las escaleras, Matthew permaneció clavado en el sitio.
Lentamente, levantó la cabeza y abrió los ojos con puro asombro.
Stella lucía una falda blanca ajustada con cola de pez que resaltaba a la perfección su figura alta, esbelta y exquisita.
La larga falda tenía una sutil abertura en forma de V en el lado izquierdo, que dejaba entrever sus piernas rectas y delgadas.
Su elegante cuello, sus graciosos hombros y su delicada clavícula quedaban elegantemente al descubierto.
Matthew fijó su mirada en ella y le preguntó: «¿Te gusta?».
«Sí, me gusta». Stella respondió a su mirada apasionada con una afirmación rotunda.
Extendió la mano y acarició delicadamente con los dedos la tela del vestido, que era inusualmente suave y desprendía un brillo único. Incapaz de contener su curiosidad, preguntó: «Este vestido debe de ser bastante caro, ¿verdad? ¿Qué proceso se ha utilizado para crearlo? ¿Por qué es tan extraordinario?».
Matthew se divirtió con sus preguntas profesionales.
«Este vestido está tejido con una mezcla de polvo de diamantes, lo que le da ese brillo único. Es lo que llaman luz de diamante».
Stella asintió con la cabeza y una atrevida sospecha cruzó por su mente. Miró a Matthew con una mirada inquisitiva. «Pareces saber mucho sobre él. ¿Lo has diseñado tú?».
Matthew asintió levemente con la cabeza, con una suave sonrisa en los labios. «Eres la única mujer que podría lucir este vestido tan perfectamente».
Stella respiró hondo, levantando los hombros con el movimiento y mostrando sus clavículas de forma cautivadora.
Un deseo inesperado se encendió en Matthew.
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Con voz ronca, admitió: «He preparado un conjunto de joyas para complementar este vestido».
Stella se quedó momentáneamente atónita, con el corazón profundamente conmovido por esa rara sensación de ser apreciada.
Le costó encontrar las palabras para expresar sus emociones, y sus ojos claros brillaban ahora con un ligero brillo de humedad.
«¿Qué pasa?», preguntó Matthew frunciendo el ceño, temiendo que la sorpresa que había preparado la hubiera molestado de alguna manera.
Stella negó con la cabeza y parpadeó para contener las lágrimas. «Es solo que no esperaba que este regalo fuera tan valioso».
«Solo quiero hacerte feliz», dijo Matthew con voz suave.
«En el futuro, diseñaré más ropa para ti». Extendió la mano para secar las lágrimas que se habían acumulado en los ojos de Stella, acariciándole la cara con ambas manos. Luego, le dio un tierno beso en la mejilla. «Stella, te mereces lo mejor».
Después del desayuno, Matthew se fue a trabajar, dejando a Stella sola en su estudio para hacer la prueba que le había asignado Mia, que consistía en diseñar con perlas.
Con varias hojas de papel inmaculadas ante ella, Stella tuvo dificultades para empezar.
La tarea le parecía abrumadora, con un alcance amplio y sin modelos ni escenarios definidos que la guiaran. La página en blanco parecía burlarse de ella, lo que le dificultaba empezar. Stella esbozó algunas ideas de diseño, pero su ojo crítico no encontraba satisfacción en ninguna de ellas.
La frustración se acumuló, lo que la llevó a dejar a un lado el bolígrafo y masajearse la muñeca dolorida.
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