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Capítulo 423:
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Fernando, sorprendido por el repentino movimiento, preguntó: «¿Ocurre algo, señor Clark?».
Matthew no podía permitirse dar explicaciones.
Se dio la vuelta y esperó nervioso la voz de Stella al otro lado de la línea.
Finalmente, cuando escuchó su tono tranquilizador, sintió una especie de alivio.
«¿Qué pasa?», preguntó Stella con voz suave. «He arreglado las cosas con Dulce. Ya no colaboramos más. Estoy a punto de volver. Por cierto…».
Estaba a punto de mencionar su encuentro con Mia cuando Matthew la interrumpió.
«¿Dónde estás ahora mismo?». Su voz denotaba urgencia, no quería correr ningún riesgo.
«Sigo en el aparcamiento subterráneo del hotel. ¿Qué pasa?». Stella estaba confundida por sus palabras.
«Necesito saber que llegas bien al estudio. Envíame tu ubicación», insistió Matthew.
Stella no discutió. Le facilitó rápidamente su ubicación y salió del aparcamiento subterráneo del hotel.
El coche avanzaba suavemente por la carretera.
A pesar de la pelea con Dulce y de haber perdido un contrato, seguía de buen humor. Al fin y al cabo, se había encontrado con Mia.
Tarareando alegremente una melodía, Stella maniobraba con confianza el volante. Justo cuando doblaba una esquina, vio un camión que venía a toda velocidad en dirección contraria.
Sus pupilas se contrajeron al instante. Pisó con fuerza el pedal del freno, pero el coche no redujo la velocidad. Los frenos no respondían.
Con el camión cada vez más cerca, Stella pisó desesperadamente el pedal del freno, pero fue en vano.
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El sudor le cubría las palmas de las manos. Tomando una decisión en una fracción de segundo, giró el volante hacia un lado para esquivar el camión que se aproximaba.
Su estrecha escapatoria no le proporcionó ningún alivio.
Mientras seguía presionando el freno inerte, marcó el número de Matthew.
El teléfono se conectó rápidamente.
«¡Matthew!», exclamó Stella, con la mirada fija en la carretera. «Los frenos del coche no funcionan. No sé qué está pasando. ¡Hay coches en la carretera!». La situación era grave.
Stella tenía la frente cubierta de sudor frío y le temblaba la voz.
«Tranquila. Voy para allá», la tranquilizó Matthew. «Intenta reducir la velocidad yendo en línea recta. Estaré allí en…»
«¡Matthew!». No podía permitirse seguir escuchando. Agarró el volante con fuerza con ambas manos y tocó el claxon sin cesar para alertar a los peatones y vehículos cercanos.
Girando suavemente el volante, se acercó poco a poco a la barrera de seguridad, con la esperanza de que la fricción entre el coche y la barrera acabara deteniéndola.
Dada la hora tardía y el escaso tráfico, esta parecía su mejor opción para mitigar el riesgo de colisión.
Sin embargo, a medida que se acercaba más y más a la barrera de seguridad, el miedo se intensificaba en su interior. Si este último esfuerzo fallaba, podría muy bien perder la vida.
Stella apretó los labios, luchando por mantener la compostura.
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