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Capítulo 413:
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Stella asintió y se retiró a la habitación.
Matthew recogió sin esfuerzo el tendedero con el que ella había luchado.
Una vez dentro, cerró la puerta del balcón, aislando el clima turbulento.
La habitación se quedó en silencio al instante.
Después de inspeccionar las prendas, Matthew se volvió hacia Stella. «Tranquila, todavía están secas».
Luego miró su dedo cortado, con preocupación grabada en sus rasgos. «¿Dónde está tu botiquín de primeros auxilios?».
Ella señaló un armario al otro lado de la habitación. «Está ahí arriba. Pero, en realidad, solo es un corte menor. Bastará con una tirita».
Ignorándola, Matthew dijo con firmeza: «Quédate ahí».
Cogió el botiquín, empapó un bastoncillo de algodón en yodo y lo aplicó suavemente sobre el dedo de Stella.
Después de colocarle una tirita en el dedo, Matthew la miró profundamente a los ojos. «¿Considerarías volver conmigo a Prosper Bay? Tu estudio no está lejos de allí y puedo encargarme de que un conductor te traiga aquí cada día. Me preocupa que vivas aquí sola».
Stella negó con la cabeza, y esbozó una sonrisa. «Aunque ahora estemos juntos, no precipitemos las cosas. Hoy te has comportado como un auténtico caballero. Sigamos así». La expresión de Matthew se suavizó ante la broma desenfadada de Stella.
«Eso pretendo», dijo, devolviéndole la sonrisa.
De la mano, se quedaron en el balcón, contemplando cómo la lluvia golpeaba las ventanas.
El ambiente era tan sereno que Stella cerró los ojos, saboreando el momento.
Matthew le acarició la mano y dijo con voz grave: «Stella, ¿sabes por qué me gustas?».
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El corazón de Stella se aceleró al oír esto. Abrió los ojos y preguntó: «¿Por qué?».
«Porque irradias calidez. Eres genuinamente cálida», explicó él, mirándola con afecto. Stella sintió que su corazón se estremecía. Retiró la mano y se sentó, con la mirada perdida en la ventana empapada por la lluvia. Le llevó un momento calmar su acelerado corazón. Finalmente, después de un largo rato, habló con voz apagada: «Se está haciendo tarde. Deberías irte a casa. Y ten cuidado al conducir con este tiempo».
Matthew frunció el ceño cuando ella le instó a marcharse. Estaba a punto de objetar cuando su teléfono vibró.
Era una llamada de Fernando.
Matthew frunció el ceño y se detuvo unos instantes. Luego, como si hubiera llegado a una conclusión, se levantó.
«Descansa un poco y no salgas con este aguacero. Tengo que irme».
Al salir del estudio de Stella, Matthew condujo hasta Prosperity Group, donde Fernando lo esperaba. «Sr. Clark», lo saludó cuando Matthew entró.
«¿Cuál es la fecha límite?», preguntó Matthew, con voz neutra pero teñida de irritación.
Fernando miró su reloj de pulsera. «Todavía queda una hora».
««Yo me encargo», afirmó Matthew, entrando a zancadas en su oficina.
Fernando lo vio marcharse, sumido en sus pensamientos. Ese informe era crucial y, aunque Matthew había tenido tiempo de sobra para trabajar en él antes, había estado ausente.
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