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Capítulo 405:
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Frunció el ceño, dudó un momento y finalmente habló. «Es tarde. Me voy a la cama».
Esperaba que su insinuación fuera lo suficientemente clara como para que Matthew se marchara.
En cambio, Matthew levantó la mirada para encontrarse con la de ella, con los ojos fijos y llenos de calidez.
«Estoy un poco achispado. Después de ayudarte a limpiar, me siento un poco mareado. ¿Te parece bien si me quedo a dormir?». Su voz era aterciopelada y resonante. Mientras Stella lo escuchaba, notó un tono de entrañable petulancia en su voz.
Atrapada bajo la intensa mirada de Matthew y hechizada por su voz, Stella sintió que su determinación flaqueaba y que su corazón se aceleraba.
Evitando sus ojos, balbuceó apresuradamente: «Eh… No tengo una habitación libre para que te quedes».
Su apartamento constaba de un dormitorio y una sala de estar, mientras que las otras habitaciones le servían de estudio. Si Matthew se quedaba a dormir, el sofá sería su única opción. Pero compartir su espacio vital, aunque no fuera su cama, parecía acelerar su relación a un ritmo con el que ella no se sentía cómoda.
Matthew no le puso las cosas difíciles.
Señalando el sofá que tenía debajo, le propuso: «Puedo arreglármelas con el sofá por una noche. ¿Te parece bien?».
Stella no se atrevió a rechazarlo por más tiempo. Asintiendo ligeramente, le ofreció: «Te traeré una colcha y una almohada».
Dando media vuelta, reapareció unos instantes después con la colcha en brazos.
«Este juego de edredón es nuevo», señaló mientras se agachaba para extenderlo sobre el sofá.
Al acercarse a él, su dulce aroma envolvió a Matthew, similar al suave arañazo de las garras de un gatito que le tocaba el corazón.
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Con un movimiento fluido, Matthew extendió el brazo y atrajo a Stella hacia él, apoyando suavemente la barbilla en su cuello.
Sorprendida por su proximidad y calidez, Stella contuvo el aliento.
Sus manos se cerraron involuntariamente, y el nerviosismo le quitó las fuerzas para apartarse.
En ese momento, la puerta se abrió de golpe.
Miley entró corriendo y exclamó: «Me he olvidado el bolso…».
Sus ojos se abrieron como platos ante la íntima escena que tenía ante sí.
«Lo siento. Por favor, seguid».
Dicho esto, cerró la puerta tras de sí y se retiró apresuradamente.
Cuando Matthew se dio cuenta de que la puerta estaba abierta, aflojó el abrazo, lo que permitió a Stella apartarse, con las mejillas sonrojadas.
Se tomó un momento para arreglarse el pelo y aclararse la garganta.
Miley, de pie en la puerta con aire incómodo, murmuró: «No quería interrumpir. Me he olvidado el bolso. Las llaves del coche están dentro».
Stella le hizo un gesto para que entrara. «Adelante».
Miley, con la cabeza gacha, parecía demasiado tímida para mirar a su alrededor.
Al darse cuenta de que Miley estaba a punto de chocar contra la pared, Stella rápidamente extendió la mano y la guió en la dirección correcta. «Tu bolso está justo ahí».
Miley asintió con la cabeza, aún evitando la mirada de Matthew.
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