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Capítulo 374:
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Al abrir los ojos, se sintió momentáneamente desorientada por el entorno desconocido. Le llevó un segundo darse cuenta de que se había quedado dormida en la bañera.
—¿Stella? —La voz de Matthew resonó desde fuera de la puerta.
Stella se incorporó de golpe, salpicando agua en el proceso.
—Saldré enseguida —gritó.
Al darse cuenta de que el agua del baño no se había enfriado mucho, supuso que no había estado dormida mucho tiempo.
Sin embargo, Matthew ya estaba esperando. Decidida, se levantó para enjuagarse la espuma de jabón con la ducha de mano.
Justo cuando estaba a punto de salir de la bañera, su pie resbaló y la hizo caer hacia atrás.
«¡Ah!», gritó Stella, agarrándose con fuerza al borde de la bañera para apoyarse.
La puerta se abrió de golpe y Matthew entró corriendo. Stella se quedó momentáneamente atónita al verlo en tal situación. Sin inmutarse por su expresión, la principal preocupación de Matthew era evidente. «¿Estás bien?», preguntó con ansiedad.
«No, no es nada. Solo resbalé, eso es todo. Por favor, sal», articuló Stella, con voz nerviosa.
Fue solo en ese momento cuando Matthew se dio cuenta de que Stella estaba completamente desnuda en la bañera. Se quedó paralizado, con el pecho subiendo y bajando con respiraciones rápidas. Por un breve instante, no supo cómo reaccionar.
Stella llevaba mucho tiempo en el baño, más de lo habitual. Él había salido preocupado. Cuando la oyó gritar, entró sin pensarlo dos veces, sin imaginar la escena que le esperaba.
Al percibir la falta de reacción de Matthew, Stella levantó rápidamente los brazos para cubrirse el pecho. Sus mejillas se sonrojaron profundamente mientras se hundía más en el agua. «Por favor, vete», insistió.
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Nunca se había sentido tan avergonzada.
En realidad, era culpa suya. Estaba demasiado distraída como para darse cuenta de que el suelo estaba resbaladizo.
«Lo siento», dijo Matthew finalmente, apartando la mirada y dándole la espalda. «¿Estás bien? ¿Cómo está tu herida?».
Stella levantó la vista y vio que Matthew miraba hacia otro lado, lo que le provocó una sutil oleada de alivio. Bajó los brazos y respondió: «Estoy bien. Ya puedes irte».
Matthew frunció los labios, sin atreverse a mirar atrás. «Primero limpia todo. Esperaré fuera. Llámame si necesitas algo».
«De acuerdo».
Una vez que la puerta se cerró detrás de Matthew, Stella se tomó un momento para recomponerse antes de levantarse de la bañera. Queriendo evitar que se repitiera la incomodidad anterior, procedió con cautela al salir. Después de darse una ducha rápida, Stella se puso la ropa que Matthew le había preparado.
Al ver su reflejo, sintió que se le escapaba una sonrisa, conmovida por su atento gesto. Cogió el secador y comenzó a secarse el pelo húmedo.
Su rostro en el espejo parecía ligeramente sonrojado, sin maquillaje, mostrando signos de fatiga.
El día había sido un torbellino de emociones, tan impredecible como una montaña rusa. No podía evitar preguntarse cuáles serían las consecuencias del inminente anuncio de Matthew.
Con un profundo suspiro, deseó que todo saliera bien por la mañana.
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