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Capítulo 234:
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Luchó por ponerse de pie y moverse.
Solo llevaba un vestido, que ofrecía poca protección contra el aire gélido. Poco a poco, sus fuerzas fueron decayendo.
Acurrucada junto a la puerta, Stella temblaba.
Miró su teléfono, solo para ver que se había apagado, con la batería agotada por el frío.
«¿Alguien me oye?», susurró, golpeando débilmente la puerta, pero no hubo respuesta.
La desesperación se apoderó de ella.
Imágenes de su pasado pasaron por su mente. Su adopción, sus días en la escuela…
Era demasiado joven para morir así, y menos en un día tan importante para su vida profesional.
Le había prometido a Matthew que no le defraudaría.
«Matthew…», murmuró Stella.
Le sorprendió que, en una situación de vida o muerte, pensara en Matthew.
Recordó lo amable que había sido su tono cuando le dijo que era una diseñadora excelente.
Los recuerdos de su tiempo juntos volvieron con gran detalle, lo que amplificó su renuencia a separarse de él.
Stella no tenía fuerzas para comprender sus propias emociones porque su conciencia se estaba desvaneciendo gradualmente. Entonces, oyó débilmente un ruido fuera del congelador. ¿Alguien venía a rescatarla?
Sus sentidos se agudizaron.
La voz se hacía cada vez más fuerte, como si estuviera cerca de su oído. Stella movió los labios, pero no le salió ningún sonido.
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Débilmente, levantó la mano y golpeó la puerta. Aunque intentó gritar, su voz estaba congelada. Su cuerpo se vio invadido por una abrumadora impotencia que le dificultaba respirar.
Cuando Stella sintió que estaba a punto de perder el conocimiento, un rayo de luz atravesó la oscuridad.
«¡Stella, despierta!». Una voz grave y familiar resonó en sus oídos.
Stella luchó por abrir los ojos, pero no lo consiguió.
Entonces, al instante siguiente, se encontró envuelta en un cálido abrazo. El calor envolvente comenzó a alejar el frío, y una ola de confort la invadió.
Con ese calor, Stella sintió una sensación de alivio. Estaba a salvo.
Matthew salió corriendo del congelador, llevando a Stella en brazos.
Apretó la mandíbula al ver el rostro pálido de Stella. Su corazón se llenó de preocupación.
«¡Stella!», exclamó Miley, con los ojos llenos de lágrimas mientras se apresuraba a acercarse. «¿Quién te encerró ahí? Stella, ¿puedes oírme?».
—Llévenla al hospital —ordenó Matthew, con el rostro nublado por la ira.
Stella logró emitir un débil sonido.
Colocó débilmente su mano sobre el brazo de Matthew. La sensación de frío de sus dedos penetró a través de su fina camisa.
Matthew la tranquilizó con delicadeza: —No te preocupes. Vamos al hospital. Te pondrás bien.
Al oír la voz tranquilizadora de Matthew, los nervios de Stella comenzaron a calmarse.
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