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Capítulo 231:
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En ese momento, el teléfono de Stella vibró.
Soltó la mano de Miley para coger su teléfono de la mesa.
Un mensaje de texto de Maverick decía: «He leído en una revista que hoy vas a dar una rueda de prensa sobre moda. Buena suerte».
Stella respondió con indiferencia: «Con tus buenos deseos, seguro que tendré éxito».
A continuación, recogió sus cosas y se unió a Miley en el coche de camino a la rueda de prensa.
El evento se organizó en el opulento salón de baile de la última planta del Hotel Seamarsh.
Aproximadamente media hora después, llegaron al lugar.
Mientras Stella se preparaba para salir del coche, Miley le dijo: «Voy a aparcar el coche. Nos vemos en el vestíbulo de la planta baja».
Stella asintió. «De acuerdo».
Entró en el grandioso salón adornado con una lujosa decoración. Una magnífica lámpara de cristal colgaba del techo, esparciendo su suave luz por las paredes y el suelo. Sus nervios se intensificaron.
Apretando con fuerza los puños, respiró profundamente para intentar calmarse.
Su teléfono vibraba sin cesar en su bolso.
Al mirar el teléfono, vio que era una llamada de un número desconocido.
Frunció el ceño, pero finalmente respondió a la llamada.
Inmediatamente llegó a sus oídos una voz distorsionada que decía: «Stella, haz lo que te digo o tu abuelo sufrirá las consecuencias».
La voz había sido alterada, lo que hacía imposible discernir la identidad de la persona que llamaba. Un escalofrío recorrió la espalda de Stella.
Instintivamente, miró a su alrededor.
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En ese momento, los invitados entraron en el salón y algunos reconocieron a Stella y le dedicaron sonrisas amistosas. Aunque sorprendida, Stella no pudo expresar sus sentimientos.
La voz le dio otra orden amenazante. «No avises a nadie y no contactes con la policía. Sigue mis instrucciones; te estoy vigilando».
Manteniendo la compostura, Stella saludó a los invitados con la cabeza y se hizo a un lado.
Con voz temblorosa, suplicó: «Por favor, no le hagas daño a mi abuelo. Cumpliré tus exigencias».
«Tu abuelo está en el departamento de catering, en la tercera planta. Ve allí inmediatamente. Y no envíes mensajes ni llames a nadie. Si lo haces, habrá consecuencias».
Recuperando la compostura, Stella agarró su teléfono y preguntó con dureza: «¿Cómo puedes demostrar lo que dices?».
«Te enviaré una foto. Si no te lo crees, no vengas. Pero recuerda que serás responsable de las consecuencias».
La llamada terminó abruptamente tras la intimidación del interlocutor.
Segundos después, Stella recibió una foto.
Abrió la imagen y la amplió. Era innegablemente su abuelo, Clint. Yacía en una cama, inconsciente.
Su rostro se puso pálido. Sin pensarlo dos veces, se dirigió al departamento de catering de la tercera planta.
Al llegar al tercer piso, el teléfono de Stella volvió a sonar, mostrando el mismo número desconocido.
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