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Capítulo 1338:
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Felix, que finalmente se dio cuenta de la creciente tensión, comprendió la gravedad de la situación.
Se dirigió a los espectadores con mirada severa. «Basta de mirar. Aquí no hay nada que ver. Por favor, dispérsense».
Las reacciones de Joann solo parecían confirmar las sospechas de la multitud. Permanecieron en silencio por respeto a Bennett, pero sus miradas despectivas hacia Joann lo decían todo.
Una vez que la sala se vació y Joann se enfrentó a la gélida mirada de Bennett, los nervios pudieron con ella.
Con voz llena de angustia, imploró: «Por favor, no te enfades. Yo misma no entiendo cómo han acabado así las cosas».
La mirada de Bennett era tan penetrante e inflexible que Joann se vio incapaz de seguir hablando.
A medida que su frustración aumentaba, Bennett habló con gélida firmeza. «No hay necesidad de explicaciones. Investigaré a fondo los incidentes de esta noche. Si resulta que estás implicada, considera nuestro compromiso terminado. Las familias Lowell y Crawford romperán entonces todos los lazos».
Con eso, Bennett se dio la vuelta y se marchó sin decir nada más. A Joann se le llenaron los ojos de lágrimas y casi se derrumba, salvada solo por el oportuno apoyo de Félix.
Lindsay, que lo había observado todo, permaneció estoica.
Reflexionó sobre sus próximos pasos para distanciarse de Joann, ya planeando las consecuencias.
En ese momento, Joann estaba perdida y veía a Lindsay como su única esperanza.
Apresuradamente, agarró la mano de Lindsay y le suplicó: «¿Qué debo hacer ahora?».
Las lágrimas de ansiedad brotaron mientras imploraba: «Debes ayudarme. He hecho todo esto por ti».
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Lindsay, visiblemente molesta por las lágrimas, cuestionó su decisión de confiar en Joann, a quien consideraba tonta y poco fiable.
Joann gestionaba mal incluso los asuntos más insignificantes y ahora parecía estar echándole la culpa a Lindsay.
Lindsay se preguntó si Joann estaba tratando de hacerla cargar con la culpa.
Al darse cuenta del estado errático de Joann, Lindsay supo que no era el momento de separarse.
Con un apretón tranquilizador, Lindsay susurró significativamente: «¿De qué estás hablando? Nunca has manejado directamente estas acciones, ¿verdad? Si otros hicieron el trabajo, ¿cómo es tu responsabilidad?».
Esto también era una defensa para la propia Lindsay, ya que habían surgido sospechas de que estaba confabulada con Joann.
La ansiedad de Joann se alivió al escuchar las palabras de Lindsay.
Reflexionó sobre los acontecimientos: desde el principio hasta el final, había delegado las tareas. Las imágenes de vigilancia no la vincularían directamente con ningún delito.
Tranquilizada, murmuró: «Tienes razón. No participé directamente. No tiene nada que ver conmigo…». Esta comprensión le proporcionó una aparente paz.
Mientras tanto, Félix, que había escuchado su conversación, estaba completamente desconcertado.
«¿De qué estáis hablando? ¿Qué ha pasado?», intervino, perdido en la conversación.
Joann, al darse cuenta de que las implicaciones estaban lejos de ella, recuperó su actitud asertiva.
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