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Capítulo 1285:
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Aprovechando el momento, Stella le suplicó: «Abuelo, no sé qué hacer. Realmente necesito tu ayuda. Si vienes conmigo, tal vez puedas ayudarme a reconectar con mi madre».
El amor de Clint por su nieta prevaleció. Conmovido por su súplica, finalmente cedió: «Está bien, iré a Seamarsh contigo. Espero que te ayude a reunirte pronto con tu madre».
Ese día, tras resolver los trámites del alta, Stella, Matthew, Clint y el mayordomo regresaron a Seamarsh.
Al salir del aeropuerto, Stella encendió su teléfono e inmediatamente apareció una alerta de noticias de última hora: un grave accidente de tráfico en Seamarsh.
En ese mismo momento, sonó el teléfono de Matthew.
La voz de Cordell, tensa por la urgencia, se escuchó al otro lado de la línea. «Ha pasado algo. Bella ha sido trasladada de urgencia al hospital».
Los ojos de Stella se posaron en la noticia.
Informaba de una trágica colisión en la que un camión había chocado contra un coche particular. El accidente había sido grave y había causado tres víctimas mortales y cinco heridos.
Mientras leía, Stella frunció el ceño y suspiró, con la mano sobre la pantalla para apagar el vídeo. Entonces, vio una matrícula familiar. ¡Era el coche de Bella!
Se le encogió el corazón y se le cortó la respiración.
En ese momento, Matthew colgó el teléfono con expresión sombría. «Bella ha tenido un accidente de coche y la han llevado al hospital. Ahora están intentando salvarla».
Golpeada por la noticia como por un rayo, Stella sintió que le fallaban las rodillas.
Matthew la sujetó y la tranquilizó con palabras reconfortantes. «No tengas miedo. Aún no conocemos todos los detalles. Intenta no imaginar lo peor».
A continuación, le dio instrucciones al conductor: «Por favor, lleva primero a Clint a casa de mis abuelos».
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Una vez que Clint estuvo a salvo, Fernando se dirigió a toda velocidad al hospital con Stella y Matthew.
Durante el trayecto, la mente de Stella era un torbellino turbulento. Al llegar, corrió por los pasillos del hospital hasta el quirófano, donde solo Cordell y Kristian estaban esperando.
Kristian estaba sentado, desesperado, con la cabeza hundida entre los brazos, junto a una bolsa de barritas de chocolate que había comprado para Bella. Abrumado por la culpa, murmuró: «Todo es culpa mía. Si no hubiera ido a comprar para ella, esto nunca habría pasado».
Parecía tan atormentado que se abofeteó a sí mismo.
Aunque Stella nunca había sentido especial simpatía por Kristian, verlo tan afligido la conmovió. Se acercó y lo consoló: «No te culpes. Bella sigue luchando. Recemos para que salga adelante».
Kristian la miró, con los ojos enrojecidos por el dolor, y susurró: «Si le pasa algo a Bella, la vida perderá todo su sentido para mí».
Se cubrió el rostro y lloró desconsoladamente, y el sonido de su dolor resonó en el pasillo.
A Stella se le enrojecían los ojos mientras fijaba la mirada en la puerta del quirófano, con la mente llena de remordimientos. Ojalá le hubiera contado a Bella lo de su relación en cuanto recibió los resultados de las pruebas.
¿Por qué siempre se preocupaba tanto?
La idea de que tal vez nunca pudiera llamar «mamá» a Bella la atormentaba. Su corazón se detuvo ante esa posibilidad.
Stella reflexionó profundamente, con el inquietante recuerdo del accidente de tráfico repitiéndose en su mente. No podía quitarse de la cabeza la sensación de que una coincidencia tan catastrófica no era en absoluto casual. ¿Cómo había podido suceder?
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