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Capítulo 1186:
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Stella frunció los labios, abrumada por la emoción. Tras una fugaz mirada a sus ojos, rápidamente apartó la vista.
«Fuiste el primero en decirme «te quiero»», murmuró. «Nunca lo olvidaré. Yo también te quiero».
El corazón de Matthew se aceleró al oír sus palabras, y sus ojos se iluminaron con fervor. Miró fijamente a Stella y luego capturó sus labios en un beso dominante.
La besó apasionadamente, con una mano acunando su cabeza y la otra acercándola a él, como si intentara fundirse con ella.
Los sentidos de Stella se nublaron y se rindió a la intensidad del beso.
Matthew la tomó en sus brazos y la llevó arriba, al dormitorio.
La habitación, llena de flores, desprendía un intenso aroma que parecía envolverla en un mar floral.
Cuando la pasión se apoderó de él, Matthew la apretó contra sí en la cama.
Stella había anhelado este momento y su cuerpo respondió con entusiasmo a sus insinuaciones.
La mirada de Matthew, profunda y anhelante, se suavizó mientras le apartaba con delicadeza un mechón de pelo detrás de la oreja, con los ojos revelando un deseo puro.
Separó los labios de Stella para darle otro beso profundo. Cuando ella cerró los ojos, perdida en el momento, sintió que él la rodeaba con fuerza por la cintura. La preocupación se apoderó de ella y preguntó: «¿Te duele la herida?».
Matthew susurró con voz ronca: «Estoy bien».
«Entonces, ten cuidado, por favor».
Matthew asintió. Suavemente, le separó las piernas y entró en ella lentamente, llenándola por completo.
Stella dejó escapar un suave gemido mientras Matthew la miraba a los ojos, su pasión amortiguando sus gemidos.
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Sus narices se rozaron suavemente durante sus enérgicos movimientos.
El calor de sus cuerpos se intensificó y su respiración se aceleró. Ambos experimentaron un placer intenso, sus cuerpos abrumados por el deseo.
Incapaz de contenerse, Stella gimió y, en un impulso repentino, mordió el cuello de Matthew. A pesar del dolor, Matthew no se apartó.
Una vez que ella soltó su mordisco, su siguiente embestida fue más intensa, como si quisiera abrumarla por completo.
Stella volvió a gemir, con las mejillas sonrojadas por la oleada de sensaciones. Matthew mantuvo su ritmo, con los ojos ardientes de deseo.
Los brazos de Stella rodeaban con fuerza los hombros de Matthew, y sus piernas se enroscaban instintivamente alrededor de su cintura para atraerlo más cerca.
Matthew respondió con un abrazo firme, sus besos bajando por su cuello para detenerse en sus suaves pechos.
Stella no pudo reprimir un gemido e intentó apartar su cabeza. «No, no… me hace cosquillas».
Sus débiles susurros casi encendieron su ardor. Aceleró el ritmo, liberando el deseo reprimido que se había acumulado con el tiempo.
En el momento álgido de su pasión, Stella gritó el nombre de Matthew.
Después, los únicos sonidos en la habitación eran sus respiraciones entrecortadas. Completamente agotada, Stella yacía allí, sin fuerzas.
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