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Capítulo 107:
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Trae a Stella a visitarme
Stella se sorprendió; no esperaba que él le respondiera. Era la primera vez que Maverick le daba una explicación adecuada de sus acciones.
Una extraña sensación se agitó en su pecho, pero decidió ignorarla. Aun así, le reconfortó saber que Maverick tenía una razón válida para lo que había hecho.
Después de pensarlo un momento, respondió
«Oh, está bien. Primero cuida de tu abuela. Ya hablaremos de nosotros más tarde».
Mientras tanto, después de despedirse de Stella, Matthew regresó al hospital para estar con su abuela. Lucía había recuperado brevemente la conciencia después de la operación, pero pronto volvió a caer en coma.
Su estado era claramente grave.
Matthew se sentó en silencio junto a su cama.
Su cabello se había vuelto aún más gris y su tez estaba pálida y frágil.
Los recuerdos inundaron su mente: cómo ella había sido la única que le había mostrado amor cuando regresó por primera vez a la familia Clark.
Aunque tenían personal doméstico, ella le cocinaba personalmente. Era elegante y gentil.
En aquel momento, no le había dado mucha importancia.
Solo había regresado a la familia Clark para darle a Amara una vida mejor, una en la que no tuviera que matarse a trabajar.
Como heredero de la familia Clark, estaba sometido al estricto entrenamiento de Waldo.
Era agotador. Tenía que socializar con gente con la que no tenía ningún deseo de tratar.
Cada vez que llegaba tarde a casa, Lucía siempre dejaba una luz encendida en la sala de estar para él.
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Cada vez que lo oía regresar, le preparaba algo de comer.
Antes de reunirse con la familia Clark, había vivido con su madre. Dependían el uno del otro, pero ella siempre estaba demasiado ocupada trabajando como para hablar con él sobre sus emociones.
Sin embargo, de alguna manera, Lucía había logrado hacerle sentir la calidez de un verdadero hogar.
La amaba y respetaba profundamente.
«Matthew…». Una voz suave interrumpió sus pensamientos.
Volvió a la realidad y respondió: «Abuela, por fin te has despertado. ¿Cómo te encuentras? Llamaré al médico…». Levantó la mano para pulsar el botón que llamaría a la enfermera.
Lucía le agarró del brazo y negó con la cabeza débilmente. Su silencioso gesto lo tranquilizó.
Le aterrorizaba perderla. Mirándola con los ojos rojos e hinchados, le preguntó: «¿Cómo te encuentras, abuela? ¿Quieres un poco de agua?».
Lucía esbozó una pequeña sonrisa. Levantó la mano y le acarició la cara. «Me encuentro mucho mejor. Siento haberte hecho preocuparte. Ayúdame a sentarme, por favor».
Matthew la ayudó con cuidado a sentarse y le colocó una almohada detrás de la espalda para que se apoyara. Le acercó suavemente un vaso de agua tibia a los labios.
«Matthew», dijo Lucía, sintiéndose mejor. «No me mientas, quiero la verdad. Dime qué está pasando entre tú y Stella».
Matthew dejó el vaso a un lado y habló con sinceridad: «Abuela, lo que dijo la tía es falso. No me he liado con otra mujer».
«Pero te vas a divorciar de Stella. Dime, ¿es por esa mujer?», suspiró Lucía, sin acabar de creérselo.
«No», negó Matthew con vehemencia. «Solo voy a tener una esposa en mi vida. No me voy a divorciar de Stella, te lo prometo».
Su cambio de actitud hizo que Lucía dudara un poco. «¿En serio? ¿O solo me mientes porque estoy hospitalizada?», preguntó Lucía.
«Hubo un pequeño problema, pero ahora que sé cuál es, ya no voy a divorciarme de ella», dijo Matthew, bajando la mirada.
Lucía lo observó durante un rato y se sintió un poco aliviada al ver la seriedad en su rostro. «Bueno, en ese caso, ¿cuándo vas a traerla a visitarme?».
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