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Capítulo 957:
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Claire observó la tormenta en los ojos de Kaelyn, con aire completamente satisfecho. Se inclinó hacia ella, con una voz dulce y cruel a la vez. «Afróntalo, Kaelyn. Todo lo que tú…»
Lo que una vez tuviste ahora le pertenece a Chloe. Kaelyn cerró los ojos, con las pestañas ligeramente temblorosas. Respiró hondo, tratando de calmarse. Cuando los volvió a abrir, eran fríos y claros como el hielo.
«¿De verdad?», susurró, con voz suave, ligera y llena de sarcasmo. «Pero por muy real que parezca, lo falso siempre será falso».
Claire parpadeó, desconcertada por un segundo, antes de soltar una risa fría. «Sigues siendo tan terca. ¿De verdad crees que tienes alguna oportunidad?».
Kaelyn no se molestó en responder. En cambio, volvió a bajar la mirada hacia la pantalla, hojeando sus documentos como si las palabras de Claire no hubieran sido más que viento. Sin embargo, en lo más profundo de su interior, el fuego de su corazón ardía más que nunca.
¿Rodger realmente la había olvidado tan fácilmente?
La suave luz de la mañana inundaba la acogedora habitación, donde Chloe, fingiendo ser Kaelyn, se acurrucaba junto a Rodger, agarrándose con fuerza a su camisa con sus pequeñas manos, como si él fuera a desaparecer si la soltaba. Sus largas pestañas temblaban levemente, rozando su pálida piel como las alas de una frágil polilla.
«Rodger…», susurró, con la voz lo suficientemente temblorosa como para despertar compasión.
—¿Puedes quedarte un poco más esta mañana?
Rodger la miró con sus ojos profundos y pensativos, llenos de calidez.
Le acarició suavemente el pelo con los dedos, sonriendo con ternura. —Por supuesto. No te preocupes, me quedaré a desayunar antes de irme.
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Al oír sus palabras, el rostro de Chloe se iluminó con una alegría oculta, aunque rápidamente la disimuló con una expresión más delicada y necesitada.
Rodger la observó, y una parte de su corazón se conmovió. Esa dependencia tan sincera debería haberle hecho sentir ternura, pero en ocasiones le hacía sentir un poco fuera de lugar.
La Kaelyn que él recordaba era fuerte, llena de vida, nunca del tipo que se aferraba a nadie. Era una mujer libre y moderna que siempre estaba a su lado para afrontar las dificultades y los peligros, en lugar de esconderse detrás de él.
Sacudió ese sentimiento, achacándolo al trauma que ella debía de haber sufrido.
Mientras tanto, en Starbright Group, Sebastian estaba de pie junto a la ventana, mirando las concurridas calles de abajo.
Había recuperado la salud, su rostro volvía a estar afilado y sereno, pero una sombra de culpa se aferraba obstinadamente a su corazón.
Si hubiera tenido más cuidado aquel día… quizá Kaelyn seguiría estando a salvo, riendo a su lado. ¿Sería quien era hoy?
Cerró los ojos por un momento, apartó el remordimiento y volvió a su escritorio, hojeando informes. Desde que Kaelyn había perdido la memoria, tenía que proteger Starbright por ella hasta que se recuperara por completo.
En otro lugar, David empujó la puerta de una cafetería y entró.
Cuando se sentó, le siguieron murmullos y miradas curiosas.
«Oye, ¿no es ese el novio del Sr. Gill?».
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