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Capítulo 953:
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Siguió mirándola fijamente, con la mente a mil por hora. ¿Dónde había visto antes unos ojos como esos? La sensación la carcomía.
«¿Quién es?», se preguntó Kaelyn, desesperada por recordar. Estaba segura de que se habían cruzado antes.
Entonces, como un rayo, un nombre se le vino a la mente. Lo soltó sin pensar: «Chloe. Eres Chloe, ¿verdad?». Aunque su corazón se estremeció, Kaelyn mantuvo el rostro tan tranquilo como un lago en calma. Sus ojos permanecieron fijos en la mujer, buscando incluso el más mínimo destello de emoción que pudiera delatar la verdad.
Efectivamente, una mirada de sorpresa cruzó el rostro de Chloe. El agudo instinto de Kaelyn había vuelto a dar en el blanco.
—Sí, Kaelyn, soy yo —admitió Chloe, todavía un poco sorprendida—. ¿Cómo lo has descubierto?
Kaelyn esbozó una sonrisa fría que no llegó a sus ojos. —Tus ojos… están podridos de codicia.
El rostro de Chloe se retorció de ira. «¡No te pongas chula! ¡No vas a sonreír por mucho tiempo!», espetó con voz temblorosa de rabia. «Me voy a casar con Rodger y todo lo que tienes será mío».
Kaelyn no malgastó su aliento discutiendo. En cambio, volvió a cerrar los ojos con indolencia, aunque por dentro sentía que su corazón se hundía en un pozo sin fondo. Había pensado en innumerables posibilidades, pero esta era una sorpresa que no había visto venir.
Ahora que lo pensaba, el parecido tenía más sentido. Chloe debía de haberse sometido a una cirugía plástica para robarle su identidad. Aun así, Kaelyn se recompuso rápidamente. Sabía que Rodger la amaba profundamente. No importaba qué truco utilizara Chloe, él lo descubriría.
A partir de ese día, Chloe se mudó a la villa, pegándose a Kaelyn como una sombra, estudiando cada uno de sus movimientos: su forma de caminar, de hablar, incluso sus pequeños hábitos.
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El tiempo pasó lentamente. Entonces, un día, Chloe se marchó sin avisar. A Kaelyn se le encogió el corazón. Se dio cuenta de que el plan había comenzado.
«Rodger… tú la descubrirás, ¿verdad?», susurró Kaelyn en una silenciosa plegaria.
Lejos, en Bruasal, los últimos dos meses habían sido un auténtico tormento para Rodger.
Tenía los ojos inyectados en sangre, el rostro demacrado y el uniforme le quedaba grande como un saco.
Los papeles se amontonaban en su escritorio, pero su mente estaba a miles de kilómetros de distancia, obsesionada con pensamientos sobre Kaelyn.
Al mismo tiempo, Sebastian yacía en una cama de hospital, pálido como un fantasma. Su corazón estaba cargado de culpa, reviviendo cada doloroso segundo de la desaparición de Kaelyn, culpándose sin cesar.
David permaneció a su lado, compaginando en silencio los cuidados hospitalarios y los asuntos de la empresa sin quejarse.
Ninguno de los dos abandonó Bruasal, lo que hizo que Dewitt y Craig empezaran a sospechar. Su confianza inicial comenzó a tambalearse.
Justo cuando Rodger estaba al borde del abismo, Craig irrumpió con noticias urgentes.
«¡Comisario Barnett! ¡Buenas noticias! ¡Alguien ha visto a la Sra. Gordon cerca de la montaña Aplana!».
El corazón de Rodger dio un salto. Sin perder un segundo, lo dejó todo, reservó el vuelo más rápido que encontró y voló directamente a la montaña Aplana.
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