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Capítulo 934:
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Pasaron el rato con una conversación vacía, intercambiando palabras sin sentido. Entonces Nolan soltó casualmente una noticia: «El comisario Barnett está en el extranjero en una misión de paz. No volverá hasta dentro de un año».
En cuanto pronunció esas palabras, los ojos de Chloe, antes apagados, se iluminaron como linternas en la oscuridad. Una sonrisa se dibujó en sus labios, salvaje e incontenible. Su corazón latía con alegría, sentía que las estrellas finalmente se habían alineado a su favor.
Fingiendo calma, asintió con la cabeza y respondió con una charla cortés, mientras su mente daba vueltas a toda velocidad, tramando planes.
Tan pronto como Nolan se fue, Chloe agarró su teléfono con un fervor que ni siquiera intentó ocultar. Sus dedos volaron por la pantalla, marcando el número de Claire.
En cuanto contestaron, Chloe casi estalló por el altavoz. «Claire, ¿te has enterado? ¡Rodger se va al extranjero! ¡Todo un año! ¡Esta es la oportunidad que hemos estado esperando!».
Al otro lado, la voz de Claire se mantuvo fría y tranquila, como siempre. «Lo sé desde hace tiempo. Y para que lo sepas, el plan ya está en marcha. Solo tienes que estar preparada».
Chloe casi saltaba de alegría, asintiendo con tanta energía que era un milagro que no se le cayera la cabeza, sin importarle que Claire no pudiera verla. «¡Estoy preparada, estoy preparada! No voy a estropearlo».
Una vez que terminó la llamada, Chloe ya no pudo contener su euforia. Echó la cabeza hacia atrás y se rió, una carcajada fuerte y sin filtros que resonó en las paredes estériles del hospital como algo salido de un cuento de hadas retorcido.
Hundida en las almohadas, sus ojos brillaban con anticipación y ansia, y sus pensamientos se sumergían en fantasías que había repetido miles de veces.
Una vez que todas las piezas encajaran, Kaelyn lo perdería todo. Rodger volvería, volvería con ella. Y entonces, por fin estaría en la cima, coronada como vencedora con todo lo que siempre había deseado.
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Perdida en la euforia de su propio sueño, la sonrisa de Chloe se transformó en algo mucho más siniestro.
Y, sin embargo, en su ciega búsqueda de la victoria, no vio la verdad que acechaba más allá del horizonte: que su codicia y obsesión la estaban llevando, poco a poco, al borde de un precipicio del que no podría regresar.
El suave murmullo de la maquinaria llenaba el aire dentro del Instituto de Investigación Médica Egret. El espacio era moderno, nítido y pulido, con un diseño limpio que reflejaba una sensación de precisión. Las suaves luces brillaban desde el techo, proyectando halos suaves sobre los científicos que se afanaban en sus tareas.
Kaelyn se encontraba en el centro del laboratorio, tranquila pero electrizada. Su mirada recorrió a su equipo, cuyos rostros mostraban signos de fatiga pero brillaban de orgullo. Las largas horas, la presión… todo había conducido a este momento.
«Estoy muy orgullosa de todos vosotros», dijo con tono firme pero lleno de calidez. «Lo que hemos logrado no es poca cosa. Este hito os pertenece a cada uno de vosotros».
El grupo estalló en aplausos, rompiendo la tensión que aún flotaba en el aire. Las sonrisas florecieron, los hombros se relajaron y algunos miembros del equipo se abrazaron con alegría.
Los labios de Kaelyn se curvaron en una sonrisa que llegó hasta sus ojos. «Tomaos dos semanas libres. Despejad la mente y disfrutad. Volveremos al trabajo cuando hayáis recargado las pilas».
Una vez que se ocupó de sus responsabilidades en el laboratorio, Kaelyn se dirigió al Grupo Starbright.
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