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Capítulo 932:
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Allí, en la sala de estar, estaban Sebastián y David, con la ropa desarreglada y marcas carmesí reveladoras adornando sus cuellos. Sus rostros se sonrojaron con pánico ante su llegada inesperada.
«Kaelyn… ¿no se suponía que estabas en el instituto de investigación? ¿Por qué has vuelto tan de repente?», balbuceó Sebastián, con un tono de culpa en la voz, como si las palabras se le escaparan.
Kaelyn se quedó paralizada por la sorpresa. La homosexualidad de Sebastián no era precisamente un secreto: todo el mundo sabía que era gay. Había roto con su posesivo exnovio hacía meses y desde entonces había permanecido soltero.
¿Pero David? Él se había presentado inequívocamente como heterosexual y en una ocasión la había cortejado con determinación inquebrantable.
Últimamente, ella había observado su creciente cercanía, pero lo había descartado como nada más que dos almas gemelas que habían encontrado amistad en la compañía del otro.
Ni en sus sueños más descabellados habría imaginado que Sebastián había conquistado de alguna manera el corazón de David, transformando su relación en algo romántico.
Kaelyn lo comprendió al instante. Aunque la sorpresa se reflejó brevemente en su rostro, rápidamente recuperó la compostura.
Para evitar incomodar a sus amigos, fingió no darse cuenta y se dirigió a ellos con su característico aplomo. «Bueno, hoy he conseguido un nuevo proyecto de colaboración y quería vuestra opinión», explicó con naturalidad. «Como no me contestabais al teléfono, me preocupé por si había pasado algo».
Sebastián y David intercambiaron miradas furtivas, con incomodidad pintada en sus rostros. La garganta de Sebastián se movió visiblemente mientras luchaba por responder. «N-no ha pasado nada», logró decir con voz temblorosa. «Solo estábamos limpiando y las cosas se pusieron un poco… caóticas». Se aclaró la garganta. «¿Qué proyecto es ese que ha merecido una visita personal?».
Kaelyn esbozó una suave sonrisa mientras explicaba: «He estado negociando una colaboración con Faulkner Group y quería conocer su opinión sobre los detalles».
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«Por supuesto, por supuesto», asintió Sebastián con excesivo entusiasmo. «Le pido disculpas por no haber respondido a sus llamadas. No se preocupe por ello».
Kaelyn descartó su preocupación con un gesto casual. —No es ninguna molestia. Confiaré el proyecto a tus capaces manos y revisaremos los detalles en otro momento. —Se dirigió a la puerta—. Vosotros seguid… con lo que estabais haciendo. Yo encontraré la salida.
Con eso, Kaelyn se dio la vuelta y salió apresuradamente del apartamento, dejando a Sebastián y David mirándose en silencio.
Al salir del apartamento, Kaelyn no pudo reprimir una leve sonrisa. Este giro de los acontecimientos era realmente inesperado y necesitaba algo de tiempo para aceptarlo por completo.
Aunque sorprendida por el descubrimiento, bendijo en silencio a sus dos amigos, esperando que lo que compartían fuera auténtico y significativo, una conexión que trascendiera las expectativas.
Dentro del apartamento, el tiempo parecía haberse detenido tras la marcha de Kaelyn. Sebastián y David permanecieron paralizados donde estaban, intercambiando miradas horrorizadas mientras un silencio sofocante los envolvía.
El metódico tictac del reloj de pared resonaba en la habitación, cada sonido golpeando contra sus pechos, intensificando su creciente angustia.
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