✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 879:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Pegó la oreja a la pared, esforzándose por escuchar, y, efectivamente, el sutil murmullo de las olas llegó hasta ella.
Su pulso se aceleró y comenzó a calcular mentalmente el momento de las mareas.
«Si puedo atravesar esta pared antes de que llegue la marea alta, tal vez, solo tal vez, pueda escapar», murmuró para sí misma, con la mirada llena de determinación.
Decidida, comenzó a registrar el sótano en busca de cualquier cosa que pudiera servirle de herramienta. En un rincón oscuro, tropezó con una cuchara de metal.
Agarró la cuchara con fuerza, como si se aferrara a su último atisbo de esperanza.
Kaelyn se agachó y comenzó a raspar las grietas del viejo suelo de hormigón.
Sus movimientos eran torpes, pero impulsados por un propósito.
Con cada rasguño, su respiración se hacía más pesada. El sudor le corría por la cara, mezclándose con el polvo del aire y manchándole las mejillas.
El tiempo pasaba como la arena en un reloj de arena. Le dolían los brazos como si llevara piedras. Tenía las palmas en carne viva y la sangre brotaba de las heridas abiertas, goteando sobre la cuchara y luego sobre el suelo.
Pero se negó a parar. La imagen de Rodger, alto e inquebrantable, se grabó en su mente como una estrella guía.
«Rodger, espérame… Voy a volver contigo», susurró entre dientes, cada palabra impregnada de determinación y anhelo.
Reuniendo todas sus fuerzas, siguió excavando. Finalmente, la grieta se ensanchó lo suficiente como para que pudiera introducir una barra de acero que había encontrado y levantar una gran losa del suelo de hormigón.
Tal y como esperaba, debajo del hormigón había arena húmeda y movediza. Ignorando el dolor en sus manos, Kaelyn las hundió en la arena y cavó.
Encuentra más en ɴσνєℓα𝓼𝟜ƒα𝓷.𝓬𝓸𝓂 con contenido nuevo
Grano a grano, se abrió camino a base de arañar. La arena le llenaba las uñas, tenía los dedos en carne viva y doloridos, pero no prestó atención al dolor ni a la suciedad. En ese momento, solo un objetivo ocupaba su mente: escapar. Debía escapar antes de que se acabara el tiempo o la marea.
Las horas se sucedían una tras otra y, al final del día, Kaelyn había excavado un profundo agujero en la arena.
Exhausta, Kaelyn se derrumbó sobre el frío suelo, jadeando entrecortadamente.
Se bebió la última botella de agua que le quedaba, con los ojos brillantes de impotencia y la silenciosa pregunta que le carcomía el alma: ¿sería suficiente?
Temía que, si su plan fallaba, no habría una segunda oportunidad, solo silencio y sombras.
«No puedo rendirme», murmuró Kaelyn, levantándose con determinación. Sus ojos, iluminados por un destello de esperanza, recorrieron el intimidante agujero que tenía ante sí. Ignorando el dolor agudo y punzante que recorría su cuerpo, reanudó la excavación, arañando la tierra centímetro a centímetro con gran esfuerzo.
Con cada palada de arena, sus posibilidades de sobrevivir parecían aumentar, un salvavidas delgado pero vital en sus manos.
Mientras trabajaba, el océano comenzó su implacable avance. La marea creciente empujaba el agua del mar contra los límites del foso de arena, ejerciendo una presión formidable.
Kaelyn miró nerviosa hacia el foso, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho y la ansiedad apretándole la garganta.
Entonces, con un estruendo atronador que resonó en la tumultuosa noche, la pared del sótano sucumbió a la fuerza del mar. Apareció un agujero irregular que desató un torrente de agua salada que rápidamente le cubrió los tobillos.
.
.
.