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Capítulo 867:
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El coche arrancó lentamente, levantando una nube de polvo al alejarse. Kaelyn se quedó allí de pie durante un buen rato, con la mirada fija en la carretera hasta que el vehículo desapareció. Luego, se dio la vuelta y volvió a su intenso entrenamiento.
En los días siguientes, ella y David se dedicaron en cuerpo y alma a ello. El sudor empapaba sus ropas mientras se esforzaban cada vez más en cada ejercicio. Cada aceleración. Cada giro brusco. Todo ello impulsado por el mismo objetivo: ganar.
A medida que se acercaba el día de la carrera de vehículos todoterreno en la isla, llegaron temprano para familiarizarse con el terreno.
En el momento en que aparecieron ante el público, la multitud estalló. Sus fans, que los esperaban desde hacía tiempo, se abalanzaron sobre ellos como una ola, gritando con entusiasmo y metiéndoles bolígrafos y papel en las manos, ansiosos por conseguir autógrafos.
«¡Vaya! ¡Ver a los campeones de cerca es una suerte!».
«¡Rápido, consígueme más autógrafos!». Las voces de los fans subían y bajaban frenéticamente.
Kaelyn y David intercambiaron una mirada y negaron con la cabeza, divertidos y un poco abrumados. Les costó bastante esfuerzo escapar de la multitud antes de poder centrarse por fin en el circuito. Comenzaron a estudiar cuidadosamente cada centímetro de la pista, hablando de estrategias para cada tramo y anticipando cómo podría cambiar el terreno.
En otro lugar, Claire estaba sentada en el centro de detención, esperando el juicio. La tenue iluminación proyectaba sombras sobre su rostro agotado, pero sus ojos aún brillaban con rebeldía. Estaba sentada en el frío suelo de hormigón, con los pensamientos enredados en la amargura. Con los dientes apretados, murmuró: «Rodger, Kaelyn… esto no ha terminado».
En ese momento, se desató una pelea repentina entre dos reclusas cercanas. Nadie sabía qué la había provocado, pero la refriega sumió rápidamente al centro de detención en el caos. Los gritos de las reclusas se mezclaban con las reprimendas de los guardias, creando una gran confusión.
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Claire se levantó lentamente, con un destello de confusión en los ojos.
En ese momento, una guardia se apresuró hacia ella y la apartó sin llamar la atención. Con aspecto nervioso, le pasó un uniforme a Claire y le susurró: «Estoy aquí para sacarte. Date prisa y cámbiate».
Claire se quedó paralizada por un instante, atónita. Luego, su expresión se iluminó con emoción. Agarró el uniforme y se apresuró a ponérselo. En medio del caos, se pegó a la guardia y corrió detrás de ella. Cada paso le resultaba pesado. Su cuerpo permanecía rígido y su corazón latía con fuerza en su pecho. El miedo a ser capturada de nuevo se aferraba a ella como una sombra. Pero, de alguna manera, lograron salir. Nadie las detuvo ni dio la alarma. Claire se quedó fuera de los muros, temblando. Pero no era por miedo, sino por la emoción.
Fuera del centro de detención, un sedán negro esperaba en silencio entre las sombras. En cuanto Claire se subió, el coche salió disparado y desapareció en la noche.
La noticia de su fuga causó un gran revuelo.
Conmocionado, Rodger se sentó en su escritorio y golpeó distraídamente la mesa con un bolígrafo. «Nunca pensé que Davion tuviera ese tipo de contactos», murmuró, con la mirada oscurecida por la preocupación.
Sin perder un segundo, llamó a la comisaría y dio una orden firme. «Emitid una orden de búsqueda para Claire Hewitt. Hay que encontrarla inmediatamente».
Sin embargo, Claire parecía haberse desvanecido en el aire.
La inquietud de Rodger se intensificó. Conocía el odio de Claire hacia Kaelyn y, ahora que se había convertido en una fugitiva, estaba profundamente preocupado por la seguridad de Kaelyn.
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