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Capítulo 808:
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La mención de Davion hizo que Kaelyn frunciera el ceño pensativa. Tanto ella como Sebastián se habían estado preguntando si Davion podría estar involucrado.
«Parece que nuestra suposición es correcta», murmuró Kaelyn en voz baja. Miró a Sebastián con expresión seria. «Sebastián, esto es más grave de lo que pensábamos. Debes ser extremadamente cauteloso. Estas personas provienen del mundo del hampa, son despiadadas y no dudarán en hacer lo que sea para conseguir lo que quieren. No puedes permitirte descuidarte. Asegúrate de protegerte».
Con un gesto de confianza, Sebastián le dedicó a Kaelyn una sonrisa tranquilizadora. —Kaelyn, no te preocupes. Lo tengo bajo control. Investigaré y llegaré al fondo del asunto, te lo prometo.
Aunque Kaelyn se sentía reconfortada por la inquebrantable confianza de Sebastián, una nube de preocupación se apoderó de ella. Agradecía su determinación para actuar, especialmente en un momento tan crítico, pero el peligro de la turbia red criminal en la que se estaba sumergiendo la mantenía en vilo. Un paso en falso podría tener consecuencias demasiado graves como para siquiera considerarlas.
En el cuartel general militar, en una villa que ahora servía como su prisión temporal, Rodger caminaba inquieto de un lado a otro. Soldados armados se movían como sombras en el exterior, sus pasos resonaban en el aire denso, lo que aumentaba la tensión opresiva.
Llevaba dos días entero aislado, sin que nadie viniera a interrogarlo. Aunque mantenía una expresión imperturbable, su mente iba a mil por hora. Sus pensamientos estaban consumidos por Kaelyn: su rostro preocupado, la impotencia en sus ojos y el peso de todo ello que lo carcomía. «Kaelyn… ¿Cómo lo estás llevando? Debes de estar desesperada», murmuró para sí mismo, invadido por una oleada de preocupación.
De repente, el estridente sonido del teléfono rompió el silencio. Corrió hacia él con el corazón acelerado y descolgó el auricular. «¿Hola?».
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«Soy yo, Rodger», dijo la voz tranquila del presidente, firme y tranquilizadora.
«Buenos días, señor presidente», respondió Rodger con tono respetuoso.
El suspiro del presidente resonó al otro lado de la línea. —Rodger, confío en tu integridad, pero hay facciones dentro del ejército que insisten en seguir el protocolo. Esta investigación tendrá que seguir su curso. Quédate donde estás. Haré lo que pueda para acelerar las cosas.
Rodger sintió una oleada de gratitud. —Gracias por su confianza, señor presidente. Acataré las decisiones del país.
Tras finalizar la llamada, Rodger se dejó caer sobre la cama, con la mente llena de pensamientos. Aunque el presidente le había hecho una promesa, debido al equilibrio de diversas fuerzas, le resultaba difícil salir ileso. No podía permitirse quedarse de brazos cruzados, esperando a que el destino interviniera. Rodger sabía que tenía que tomar las riendas de su propio destino. Tras reflexionar un poco, decidió enviar un mensaje a Craig a través de canales especiales, pidiéndole que le ayudara a investigar el asunto.
Al fin y al cabo, eran amigos íntimos que habían luchado juntos en el campo de batalla, y creía que Craig le echaría una mano.
Al recibir el mensaje de Rodger, Craig se dirigió inmediatamente a la casa de Kaelyn.
Cuando llegó, encontró a Kaelyn sentada en su salón, con el rostro lleno de preocupación.
«¿Quién está ahí?», preguntó Kaelyn, con voz teñida de cautela.
«Soy Craig Hammond, amigo de Rodger. Él me ha enviado a buscarte», respondió una voz profunda y tranquilizadora al otro lado de la puerta.
Al oír ese nombre, el corazón de Kaelyn dio un vuelco. Abrió rápidamente la puerta, pero su mirada se posó en un desconocido que irradiaba fuerza y autoridad, lo que la hizo dar un paso atrás instintivamente.
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