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Capítulo 805:
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La mente de Kaelyn encajó en su sitio bajo la aguda guía de Laila. «Entonces, ¿puedes ayudarme a averiguar a qué bando apunta el cerebro?».
Laila hizo una pausa, con la mirada intensa. «Por la forma en que están haciendo las cosas, no parece que sea el ejército. Todo esto tiene las características de algo tramado por gente del inframundo».
¿El mundo del hampa? ¿Podría ser realmente un enemigo del Grupo Barnett? ¿Quién podría ser?
Kaelyn sentía un nudo de ansiedad en el estómago, pero, para su frustración, no podía localizar a Rodger para hablarlo.
Más tarde, en la empresa, se sentó en su escritorio, con los ojos rojos y cansados, mirando fijamente los documentos sobre Rodger en su pantalla. Sus dedos tamborileaban nerviosamente sobre el escritorio, y cada golpe amplificaba su creciente preocupación.
«¿Qué debo hacer?», murmuró, con una voz apenas audible. La repentina detención de Rodger había surgido de la nada, dejándola desorientada y sin preparación.
Se sentía como un barco solitario perdido en el mar, zarandeado por olas que escapaban a su control, con el horizonte engullido por la tormenta.
Justo cuando estaba a punto de perderse en la marea de la impotencia, se oyó un suave golpe en la puerta de la oficina. Levantó la vista, con voz débil y cansada. «Adelante».
Davion entró con movimientos elegantes, pero sus ojos delataban su preocupación. Al ver el aspecto agotado de Kaelyn, frunció el ceño. «Señorita Gordon, he oído que Rodger tiene problemas. ¿Está bien? ¿Necesita mi ayuda?».
Sus palabras tocaron algo en el pecho de Kaelyn y un recuerdo resurgió: la información que Rodger había encontrado sobre las posibles conexiones de Davion con el mundo del hampa. Su mente se llenó de sospechas mientras lo estudiaba y, por un instante, la desconfianza brilló en sus ojos. Pero rápidamente lo ocultó y decidió ponerlo a prueba. «Sr. Hamilton, ¿qué cree que debería hacer ahora?
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Rodger…». La voz de Kaelyn vaciló, con un temblor deliberado en su tono. Dejó que se notara su vulnerabilidad, su confusión era evidente. «Estoy perdida, señor Hamilton. Ni siquiera sé por dónde empezar».
Davion asintió pensativo, con una leve sonrisa en los labios. «No se preocupe. Tengo muchos contactos en la política. Puedo ayudarla a navegar por el laberinto político. Quizás aún podamos sacar a Rodger». Sacó su teléfono, marcó un número con facilidad y colocó el dispositivo frente a Kaelyn.
«Hola, soy Davion. ¿Alguna novedad sobre el Grupo Barnett o la situación de Rodger?».
Mientras Davion hablaba, una leve arruga apareció en su frente, absorto en la conversación al otro lado de la línea. Kaelyn se sentó a pocos metros de distancia, con la mirada fija en él, los ojos agudos, captando cada cambio en su comportamiento, por mínimo que fuera.
Una tormenta se gestaba en su interior: un conflicto entre la esperanza y la duda. Por un lado, quería creer que Davion realmente podía ayudarla y salvar a Rodger, pero, por otro, no podía evitar la sensación de que sus motivos quizá no fueran tan puros como parecían.
Después de lo que pareció una eternidad, Davion finalmente terminó la llamada. Se volvió hacia Kaelyn, con el rostro sombrío pero sereno. «He hecho averiguaciones. Rodger solo está detenido por ahora, no condenado. Así que todavía hay una oportunidad para sacarlo».
Kaelyn sintió un nudo en el pecho, pero Davion continuó, bajando el tono de voz con seriedad: «Sin embargo, se necesitará una suma considerable, al menos decenas de millones, para que las cosas se pongan en marcha».
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