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Capítulo 799:
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Cuando el camarero regresó, la mesa estaba adornada con platos exquisitamente presentados, cada uno de ellos un festín tanto para la vista como para el paladar.
«Por tu éxito, mi amor», brindó Rodger, levantando su copa, con admiración brillando en sus ojos.
Kaelyn levantó la suya, y el cristal tintineó suavemente al brindar.
Cuando dio un sorbo, el vino aterciopelado le cubrió la lengua, y su rico aroma realzó el momento.
Durante toda la cena, Rodger le sirvió la comida con tierna atención, con la mirada fija en ella como si fuera lo único en la sala que mereciera la pena mirar.
Kaelyn, nerviosa pero secretamente encantada, le dio un codazo en broma. «Deja de mirarme y come».
Rodger se rió, sin avergonzarse en absoluto. «Podría mirarte para siempre y aún así no tendría suficiente». Su sonrisa, tan radiante como una mañana de verano, hizo que su corazón se acelerara.
Ella bajó la cabeza, fingiendo concentrarse en la comida, pero no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en sus labios.
Después de la cena, salieron, cogidos de la mano.
La brisa vespertina, que traía consigo un susurro de otoño, acariciaba la piel de Kaelyn.
Ella cerró los ojos por un momento, dejando que la paz de la noche la envolviera.
Rodger, observándola, sintió que su corazón se llenaba de una ternura abrumadora. Sin decir nada, la atrajo hacia sus brazos y le dio un suave beso en la frente.
«Contigo, me siento el hombre más afortunado del mundo», murmuró con voz llena de emoción.
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Kaelyn abrió los ojos y se encontró con la mirada de él, brillando con lágrimas contenidas. «Rodger, yo siento lo mismo. Estar contigo me hace feliz».
Por un momento, el mundo que los rodeaba se desvaneció, dejando solo la tranquila armonía de su abrazo.
El tiempo mismo pareció detenerse, envolviéndolos en su quietud.
Después de un rato, Rodger aflojó su abrazo y entrelazó sus dedos mientras paseaban tranquilamente por la calle.
Entonces, como si se le acabara de ocurrir algo, se detuvo y se volvió hacia ella con repentina seriedad. «Kaelyn, he estado pensando… Me gustaría invertir en Starbright Group. ¿Qué te parece?».
Sus palabras la pillaron desprevenida. No esperaba que sacara ese tema, y él no tenía ni idea de que ella era la verdadera propietaria de Starbright Group.
Una emoción compleja se reflejó en su rostro, pero rápidamente la ocultó. Sabía que Rodger solo quería ayudar, pero esta era su batalla.
Después de pensarlo un momento, negó con la cabeza. «Rodger, te agradezco mucho tu amabilidad, pero no quiero construir mi éxito apoyándome en los hombros de un hombre. Quiero lograrlo por mí misma, paso a paso, con mi propio esfuerzo».
Rodger la observó, y la admiración se hizo más profunda en su mirada.
Una lenta sonrisa se extendió por su rostro, cálida y comprensiva. —Lo respeto. Siempre has sido capaz, Kaelyn. No importa el camino que elijas, debes saber que siempre contarás con mi apoyo.
—Te lo agradezco mucho, Rodger —comentó Kaelyn, con los ojos llenos de sincera gratitud—. Significa mucho para mí tener a alguien que me entiende tan bien.
La luna la bañaba con su luz plateada, proyectando un resplandor etéreo que acentuaba sus delicados rasgos y le confería una belleza casi sobrenatural a su aspecto.
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