✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 758:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Consciente de la importancia de la ficha, Kaelyn la guardó con cuidado. «Lo haré. Pero a menos que sea absolutamente necesario…
no iré a buscarlo». Su voz era suave, pero transmitía una tranquila determinación, y su mirada era firme.
Sebastián se acercó y le tomó la mano con delicadeza. «No le des más vueltas. Estás agotada. Descansa un poco». Sus palabras la envolvieron como un cálido abrazo, aliviando el peso del día.
La luz de la mañana se colaba perezosamente en la habitación, pintando las paredes de tonos dorados mientras el mundo despertaba lentamente. Kaelyn se movió, todavía medio dormida, cuando el estridente sonido de su teléfono rompió el silencio. Parpadeó, desorientada, antes de alcanzar el dispositivo.
El nombre de Arthur apareció en la pantalla. Su pulso se aceleró: ¿había vuelto a pasar algo en la obra?
Respondió inmediatamente, con voz aguda y preocupada. «¿Arthur? ¿Por qué llamas tan temprano? ¿Ha pasado algo?».
La respuesta de Arthur fue tensa, urgente. «Kaelyn, hay un problema grave en la obra. ¡Ven aquí lo antes posible!».
Con eso, Arthur terminó la llamada.
Kaelyn, conmocionada por la urgencia en su tono, se incorporó de un salto en la cama. Tiró de las mantas y se vistió con energía frenética.
Mientras se preparaba para salir corriendo por la puerta, Sebastián, despertado por su movimiento repentino, salió tambaleándose al pasillo. Con voz somnolienta, le preguntó: «¿A dónde vas con tanta prisa? ¿A dónde vas tan temprano?».
Kaelyn se detuvo lo justo para explicárselo, arreglándose el pelo sin aliento mientras hablaba. —Hay problemas en la obra del Grupo Faulkner. Tengo que ir allí ahora mismo.
Actualizaciones diarias desde ɴσνєʟα𝓼4ƒ𝒶𝓷.𝒸ø𝗺 con sorpresas diarias
El sueño de Sebastián se desvaneció al instante y la miró con expresión seria. —¿Quieres que te acompañe?
Kaelyn dudó, con la mente acelerada, y luego negó con la cabeza. «No. Ocúpate de tus reuniones. Te llamaré si necesito refuerzos», le aseguró, con voz firme a pesar de su ansiedad.
Con un breve y tranquilizador gesto de asentimiento a Sebastián, Kaelyn salió corriendo, con el corazón latiéndole con fuerza a cada paso.
El trayecto le pareció interminable y, cuando llegó, el sol brillaba en lo alto, implacable en su calor. El ambiente estaba cargado de tensión; grupos de trabajadores se apiñaban, con expresiones de preocupación en sus rostros.
Arthur era fácil de localizar: su traje, normalmente impecable, estaba ahora arrugado y su postura era rígida por el estrés. Se percató de su llegada y se apresuró a acercarse, con un alivio palpable en los ojos. «Por fin está aquí, señorita Gordon. ¡La necesitábamos!».
Kaelyn observó su aspecto desaliñado: el traje a medida pero arrugado, el pelo revuelto y los ojos enrojecidos que delataban el insomnio. «¿Cuál es el problema?», preguntó ella, con voz llena de preocupación.
Arthur señaló la estructura esquelética del edificio, con voz baja y grave. «Mire aquí», dijo, señalando varios soportes críticos. «Los planos fueron alterados deliberadamente. Ha comprometido toda la estructura».
Kaelyn se quedó incrédula, con los ojos muy abiertos y sin parpadear. «¿Qué? ¿Cómo ha podido pasar algo así?».
Arthur caminaba de un lado a otro por el suelo cubierto de tierra, con el ceño fruncido y las manos entrelazadas, frotándolas como si buscara respuestas.
.
.
.