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Capítulo 751:
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Detrás de él, Chloe observaba, consumida por los celos, mientras Rodger permanecía allí, firme en su defensa de Kaelyn. Sus dedos se cerraron en un puño, clavándose las uñas en las palmas y dejando marcas en forma de media luna. ¿Por qué? ¿Por qué seguía preocupándose tanto por esa mujer?
En el momento en que Rodger terminó de hablar con los periodistas y se metió en su coche, algo dentro de ella se rompió. Corrió hacia él, con lágrimas cayéndole libremente por las mejillas.
«Rodger, ¿por qué sigues alejándome? ¿Qué tiene Kaelyn que yo no tenga? ¡He hecho todo por ti y ni siquiera me miras!».
Rodger la miró a los ojos, con una expresión indescifrable y una voz inquietantemente tranquila. «Chloe, no se puede forzar el amor. Déjalo ir».
Sin decir nada más, se marchó, dejándola allí, destrozada y sollozando.
Chloe regresó a casa, con una tormenta en su interior y sus pensamientos enredados en una maraña de confusión e inquietud. Se desplomó sobre la cama, con la mirada fija en el techo, y la imagen de Rodger defendiendo a Kaelyn la perseguía como una sombra de la que no podía deshacerse.
Con un suspiro que parecía llevar el peso de su corazón, Chloe cogió el teléfono y marcó el número de Claire.
«Hola, Claire. ¿Podemos quedar para tomar algo? Me siento muy deprimida». La voz de Chloe temblaba, cargada de tristeza.
Claire, sintiendo la inquietud en el tono de su amiga, respondió sin dudar: «Por supuesto, estaré allí en un momento. Espera».
Media hora más tarde, Claire llegó al bar que habían acordado. Las dos mujeres se hundieron en un sofá, con la mesa delante de ellas repleta de una variedad de bebidas. Chloe bebió un vaso tras otro, cada sorbo mezclándose con sus lágrimas que caían silenciosamente por sus mejillas.
«Claire, ¿qué hago? A Rodger no le importo en absoluto, su corazón solo pertenece a Kaelyn». La voz de Chloe se quebró por el dolor de las verdades no dichas.
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Claire puso una mano sobre el hombro de su amiga, ofreciéndole un silencioso consuelo. «No dejes que esto te consuma, Chloe. ¿Qué tiene de especial Kaelyn? Solo es una cara bonita con algunos talentos. No podemos dejar que gane así, tenemos que idear un plan para asegurarnos de que lo pase mal».
Chloe levantó la vista, con un destello de determinación iluminando sus ojos. «¿Qué tienes en mente? Haré lo que sea necesario para que Kaelyn pague».
Claire se inclinó y le susurró un plan al oído a Chloe. Una sonrisa astuta se dibujó en el rostro de Chloe mientras asentía. «Es brillante. Nos aseguraremos de que Kaelyn no pueda escapar esta vez. No sabrá qué le ha golpeado».
Mientras tanto, después de regresar a casa con Sebastian, Kaelyn se derrumbó en la cama, completamente agotada. El peso de los últimos días la oprimía, dejándola agotada tanto física como emocionalmente. Cerró los ojos, desesperada por encontrar algo de paz, pero la tranquilidad era esquiva.
Sebastian se sentó a su lado, con preocupación grabada en su rostro mientras contemplaba sus pálidos rasgos. «Kaelyn, necesitas descansar. No te preocupes por nada. Estoy aquí y no dejaré que te hagan daño».»
Kaelyn abrió los ojos y esbozó una leve sonrisa. «Gracias, Sebastian. No sé cómo me las arreglaría sin ti».
Sebastian le acarició suavemente la cabeza. «Somos amigos, Kaelyn. No digas esas cosas. Ahora descansa y yo iré a prepararte algo de comer». Dicho esto, salió de la habitación.
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