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Capítulo 652:
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Resultó que el semáforo se había puesto en verde y los coches que tenían detrás tocaban el claxon con impaciencia.
Parpadearon, volviendo a la realidad como si les hubieran despertado de un sueño, y se separaron apresuradamente. Un toque de incomodidad tiñó sus rostros, como dos actores pillados en plena escena.
El rostro de Kaelyn ardía con un calor que parecía como si el sol se hubiera refugiado allí. A pesar de su vergüenza, una tímida sonrisa se dibujó en sus labios, como para confesar el secreto que guardaba su corazón.
El resto del trayecto transcurrió en silencio, con una tensión tácita que flotaba en el aire, entretejiéndose en la quietud como un hilo invisible. El débil aroma de su perfume parecía flotar entre ellos, un delicado recordatorio de la cercanía que compartían.
Pronto llegaron a los pies del edificio de apartamentos de Kaelyn.
El coche se detuvo suavemente y la noche los envolvió como una manta suave y familiar.
Los rayos de luna se filtraban a través de las hojas susurrantes, proyectando sombras que bailaban con un ritmo que solo las estrellas podían entender, pintando el interior del coche con un resplandor onírico.
La mano de Rodger permaneció en el volante, con el cuerpo ligeramente girado hacia ella. Su mirada, oscura e intensa, se encontró con la de ella, como una estrella en la vasta extensión de la noche, ardiendo con una emoción tácita.
Kaelyn sostuvo su mirada, perdida en la atracción eléctrica de sus ojos, como si cada mirada le provocara escalofríos en el alma.
Se sentía flotar, ingrávida, con los pensamientos deslizándose como agua entre sus dedos.
Pero, como si el calor de su mirada la hubiera sobresaltado, bajó los ojos instintivamente. Sus largas pestañas revolotearon con nerviosa expectación, temblando como una hoja al viento.
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—Kaelyn —la voz de Rodger rompió el silencio, baja y ronca, entremezclada con moderación y anhelo—. Me has sorprendido mucho hoy. No puedo evitar preguntarme cuántas sorpresas más me tienes reservadas.
Mientras hablaba, su mano se movió suavemente, casi con reverencia, acariciando su mejilla. Sus dedos acariciaron su piel, como si temieran que la frágil belleza del momento pudiera romperse al menor contacto.
El corazón de Kaelyn latía como un tambor en su pecho. Levantó los ojos para encontrarse con los suyos, con una mirada suave y llena de una mezcla de timidez e incertidumbre.
En el aire cargado entre ellos, el espacio parecía reducirse con cada segundo que pasaba. Kaelyn podía sentir el calor de su aliento, el aroma de su colonia, todo mezclándose en algo embriagador. Su corazón se aceleró, su mente se quedó en blanco, dejando solo la conciencia de él a su lado.
Finalmente, Rodger ya no pudo reprimir las emociones que surgían en su interior. Se inclinó hacia adelante, acortando la distancia entre ellos, y sus labios rozaron suavemente los de Kaelyn.
El cuerpo de Kaelyn tembló al sentir ese contacto, pero ella cerró los ojos y se rindió al beso que había estado esperando en silencio este momento.
Al principio, su beso fue delicado, una exploración suave, como si estuvieran probando las aguas de la intimidad.
Pero pronto se hizo más profundo, más urgente, y sus cuerpos se unieron como si el propio universo quisiera que se fusionaran.
El aire del coche se espesó con el calor, y el espacio que los rodeaba se llenó de ese tipo de intimidad que solo se da en la quietud de la noche.
Las manos de Kaelyn se movieron instintivamente hacia el cuello de Rodger, sus dedos se entrelazaron en su cabello, atrayéndolo hacia ella, anclándose al momento.
Rodger la abrazó con fuerza, sin querer soltarla, como si ese momento pudiera escapársele si no tenía cuidado.
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