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Capítulo 589:
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La humillación invadió a Claire, y su rostro se sonrojó como si el calor de su vergüenza pudiera quemarla viva. No sabía si era por su arrebato anterior o por la oleada de ira y vergüenza que ahora sentía. El médico, tras dar su explicación, se dio la vuelta y reanudó su trabajo, dejando a Claire sumida en su propia confusión.
Sintió cómo una furia latente crecía en su interior, y su mente se aceleró con pensamientos sobre lo tonta que había sido. ¿Cómo había podido caer directamente en la trampa de Kaelyn, manipulada tan fácilmente como una marioneta? Apretó los dientes y cerró los puños con fuerza. «Kaelyn…. Esto es culpa tuya», murmuró entre dientes, con la voz cargada de una rabia que apenas podía contener.
Su mente se remontó a los momentos en los que había jurado enfrentarse a Kaelyn, hacerla pagar. Ahora, esa resolución le parecía una broma amarga, una promesa vacía hecha en el calor del momento.
Se mordió el labio inferior con tanta fuerza que sintió que podría sangrar, y su determinación se endureció hasta convertirse en una fuerza aguda e inflexible. No dejaría que Kaelyn se saliera con la suya. No así.
«Kaelyn… ya verás», susurró con voz baja, pero llena de rencor. «Te arrepentirás». El fuego en sus ojos revelaba una peligrosa determinación, una que no se apagaría fácilmente.
De repente, como si se hubiera dado cuenta de algo, levantó la mano y miró fijamente el teléfono que sostenía con fuerza en la palma. La pantalla seguía encendida. Un escalofrío le recorrió la espalda. ¡La llamada con Landen no se había desconectado!
La esperanza brilló en sus ojos. Sin perder tiempo, se llevó el teléfono a la oreja, ansiosa por darle la vuelta a la situación a su favor. «Landen, lo has oído, ¿verdad? Todo es culpa de Kae…».
Pero antes de que pudiera terminar, el tono burlón de Landen irrumpió en el auricular, interrumpiéndola. «Ya basta. No necesito oír nada más». Su voz rezumaba furia, sin dejar espacio para excusas. Lo que siguió fue una avalancha de críticas. «Lo he oído todo. ¡Me has pillado desprevenido! ¡Una simple botella de agua ha bastado para que te pusieras histérica, convirtiéndote en el centro de atención del centro comercial y mancillando el nombre de los Barnett!».
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Claire palideció y su cuerpo tembló incontrolablemente. Abrió los labios como si estuviera lista para explicarse, pero era como si un nudo en la garganta la hubiera silenciado.
Sabía que no podía quedarse allí sentada en silencio. Apretando los dientes, se obligó a recuperar la compostura. Con una respiración temblorosa, controló sus emociones y rompió a llorar desconsoladamente. «Landen, no era mi intención… Por favor, tienes que creerme…».
Lloraba como si su supervivencia dependiera de ello. En el pasado, sus lágrimas lo habrían ablandado. Pero esta vez, solo alimentaron su furia.
«¿Creerte? ¿Cómo esperas que lo haga? ¡No eres más que una tonta!». La ira de Landen se convirtió en una risa amarga, desprovista de cualquier calidez. «Debía de estar loco para comprometerme contigo. Qué error». Luego, como si clavara el último clavo en el ataúd, añadió: «Nunca debí precipitarme en este compromiso».
Antes de que Claire pudiera salvar la situación, la llamada se silenció. El tono de marcación indicaba que Landen había colgado.
Claire sintió que todas las fuerzas abandonaban su cuerpo. Se quedó flácida y el teléfono se le resbaló de las manos, cayendo al suelo con un ruido sordo.
Claire se quedó paralizada, con la mente repitiendo las palabras de Landen en un bucle sin fin. «Nunca debí precipitarme con este compromiso…». Esa frase acabó con los últimos restos de su compostura, dejándola al borde de la desesperación.
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