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Capítulo 578:
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En ese momento, en la sección VIP del centro comercial, donde se vendía ropa de mujer, aunque no había muchos clientes, su acalorada discusión ya había atraído bastantes miradas curiosas.
Unas cuantas mujeres elegantemente vestidas, que se habían olvidado momentáneamente de sus compras, lanzaban miradas intrigadas en su dirección.
Incluso los dependientes de la tienda, siempre discretos, echaban miradas rápidas, con expresiones mezcladas de curiosidad y sorpresa.
No se trataba de un centro comercial cualquiera, sino de un santuario de refinamiento, un símbolo de estatus y lujo. Sin embargo, allí, entre los suelos pulidos y los escaparates de diseñadores, se estaba desarrollando una escena que nadie había esperado.
En ese momento, una dependienta se acercó apresuradamente con una elegante bolsa de compras envuelta con elegancia.
«Señora Gordon, su compra está lista», dijo con una sonrisa refinada, entregándole cuidadosamente el paquete a Kaelyn.
Kaelyn la aceptó con un gesto de asentimiento antes de volver a centrar su atención en Claire. Su expresión seguía siendo serena, imperturbable. «¿Y bien? ¿Ha tomado una decisión?». Al ver el silencio de Claire, dejó escapar un suave suspiro. «Supongo que no. No pasa nada, tengo asuntos más importantes que atender». Dicho esto, se dio la vuelta para marcharse, con una postura elegante y una indiferencia absoluta.
Una fría oleada de pánico se apoderó de Claire.
Era su última oportunidad. Si Kaelyn se marchaba ahora, quizá nunca tuviera otra oportunidad de arreglar esto, de asegurarse de que su rostro permaneciera intacto.
Su respiración se volvió irregular. Sentía las rodillas débiles, el peso de la impotencia presionándola como una cadena de hierro.
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Las imágenes se agolpaban en su mente: su rostro, antes impecable, desfigurado hasta quedar irreconocible; los ojos de Landen llenos de repugnancia, su amor por ella convertido en repulsión.
No, no podía perderlo, no podía permitir que sucediera algo tan terrible. Sin embargo, a su alrededor, el peso de innumerables miradas la oprimía como dagas, con su juicio agudo y su diversión inequívoca.
Kaelyn, sin embargo, ya había descartado el momento. No tenía ningún deseo de prolongar el sufrimiento de Claire. ¿Desprecio? Quizás. ¿Pero crueldad por crueldad? Ese no era su estilo. Como esta mujer se negaba a arrodillarse y pedir perdón, no la obligaría. Y en cuanto a la cara de Claire… no era asunto suyo.
Sin dudarlo, cogió la bolsa de la compra y se dirigió a grandes zancadas hacia la salida.
Claire estaba tan segura de que podría convencer a Kaelyn, convencida de que la mujer aún sentía algo por Landen, que no se atrevería a marcharse de verdad.
Pero la realidad destrozó esa ilusión en un instante. Kaelyn se marchaba de verdad. Así, sin más.
En ese momento, entró en pánico. Apretando los dientes, corrió tras Kaelyn y le bloqueó el paso.
«¡Espera!». Al ver que Kaelyn se daba la vuelta para marcharse, Claire entró en pánico. La palabra salió de sus labios antes de que pudiera pensar.
Su aguda voz cortó el aire y consiguió detener a Kaelyn en seco.
Kaelyn se quedó quieta, con la espalda rígida, exudando una indiferencia gélida que hizo que el aire circundante se sintiera diez grados más frío.
La dependienta, que había estado fingiendo estar ocupada ordenando los estantes para evitar la tensión creciente, se sorprendió tanto por el grito repentino que casi dejó caer la ropa que tenía en las manos. Giró la cabeza sorprendida, con la mirada desplazándose entre Claire y Kaelyn, llena de confusión.
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