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Capítulo 548:
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La mirada de Kaelyn se desvió, con sus emociones en conflicto.
Se dio cuenta de que, si Rodger no hubiera intervenido, la botella de ácido sulfúrico habría caído sobre ella.
El proceso de limpieza fue una auténtica agonía. Rodger apretó los dientes, conteniendo cualquier sonido, pero su cuerpo estaba rígido por el dolor. El sudor le corría por la cara.
Le parecieron horas antes de que, de repente, sintiera una mano cálida y suave en su hombro.
Rodger levantó la vista sin pensar y se encontró con los ojos de Kaelyn. Estaban llenos de lágrimas.
Esos ojos tenían una fuerza tranquila, como si pudieran borrar todo el sufrimiento de la habitación.
Rodger contuvo la respiración, completamente absorto en ella. Por un breve instante, el dolor de su espalda pareció disiparse.
Kaelyn, ajena a sus pensamientos, lo miró con sincera preocupación. Su voz era suave y tranquilizadora cuando habló. «No pasa nada, no te preocupes. Confía en mí, te prometo que tu espalda no quedará marcada».
Rodger soltó una suave risa, con una mezcla de emociones en los ojos. «Las cicatrices no importan», dijo. «He luchado en innumerables batallas y he sufrido heridas peores que esta. Esto no es nada. Puedo soportarlo. Pero tú, con tu delicada piel… Si te haces daño y te quedan cicatrices, eso es otra historia».
Para Rodger, Kaelyn, a pesar de su fuerza, seguía siendo solo una joven. No todas las mujeres se preocupaban por su apariencia, pero eso no significaba que fueran indiferentes a sufrir heridas sin motivo.
Además, si Kaelyn realmente hubiera sufrido una lesión como esta, aunque a ella no le importara, él sería quien se preocuparía profundamente.
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Rodger sintió una sensación de alivio. Se alegraba de haber llegado a tiempo y de que fuera él, y no ella, quien hubiera recibido el golpe.
Sus palabras eran sinceras, y a Kaelyn se le hizo un nudo en la garganta mientras las escuchaba. Incapaz de contenerse más, tomó su mano, que descansaba en el borde de la cama, entre las suyas y dijo: «No es solo una pequeña herida. Aunque estés acostumbrado al dolor, eso no significa que debas sufrir por mí».
Rodger se sintió profundamente conmovido por sus palabras. Nadie le había hablado así antes.
Desde muy joven, Rodger siempre había destacado. Tanto en casa como en el ejército, la palabra que más oía era «debes».
Como cabeza de la familia Barnett, debía asumir todas sus responsabilidades. Como soldado, debía anteponer las necesidades del país y estar siempre dispuesto a sacrificarse.
La gente lo veía como invencible, casi como un dios. Se había acostumbrado a ser quien protegía a los demás, sin importar el costo.
Pero esta vez era diferente. Por primera vez, alguien lo trataba como a una persona normal y le decía que no tenía por qué aguantar el dolor.
Y esa persona era Kaelyn.
Rodger se quedó en silencio, limitándose a observarla, con la mirada cada vez más tierna.
No fue hasta que el médico terminó de limpiarle la herida y empezó a vendársela cuando Rodger se dio cuenta de que hacía un rato que no sentía dolor en la espalda.
¿Kaelyn lo había distraído a propósito?
El vendaje no tardó mucho y, en poco tiempo, el médico indicó que las heridas de Rodger habían sido atendidas adecuadamente.
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