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Capítulo 238:
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Mientras se retiraban, Ada se arriesgó a echar una mirada cautelosa hacia atrás. Al ver que ni Landen ni Claire los perseguían, sintió una oleada de alivio. Se llevó las manos al corazón, con voz teñida de preocupación.
—Es el presidente del Grupo Barnett, poderoso e influyente. Y aquí estamos nosotros, simples empleados del Grupo Starbright. ¿No existe el riesgo de que influya en nuestros jefes para que tomen represalias contra nosotros por este desaire público?
—No —afirmó Kaelyn con rotundidad, con una confianza inquebrantable.
Qué idea tan ridícula. Ella era la presidenta del Grupo Starbright, ¿acaso podía obligarla a despedirse a sí misma?
Ada supuso que Kaelyn probablemente tenía cierta influencia sobre Landen, y la actitud serena de Kaelyn la tranquilizó, lo que llevó a Ada a desviar la conversación hacia los asuntos urgentes del Hospital Patel.
Mientras tanto, la expresión de Landen se agrió al ver a Kaelyn alejarse con paso firme, ignorándolo descaradamente.
Históricamente, por muy hirientes que fueran sus comentarios, Kaelyn siempre había mantenido la calma, sin marcharse enfadada. Hoy, sin embargo, ella había golpeado primero a su prometida Claire, y su única intención había sido enfrentarse a ella, con la esperanza de entender qué estaba pasando realmente. Sin embargo, su reacción…
Su reacción fue tan extrema… Su comportamiento se estaba volviendo cada vez más audaz. Landen se vio incapaz de ignorar la irritación que se estaba gestando en su interior.
Claire se dio cuenta de su mueca y le agarró del brazo, inclinándose para susurrarle en tono conspirador.
«Landen, Kaelyn estaba aquí para una cita con el ginecólogo. ¿Podría ser… que esté pasando por algo desagradable?».
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La mera mención de una cita con el ginecólogo hizo que el ceño de Landen se frunciera aún más.
El tono deliberadamente sugerente de Claire, combinado con su creciente enfado, le llevó inmediatamente a imaginar lo peor. Apretó los puños y las venas de su frente se marcaron con fuerza. A pesar de saber que Kaelyn ya no era suya para preocuparse por ella, la punzada de la traición percibida le carcomía por dentro.
Al captar el breve destello de emoción en sus ojos, el rostro de Claire se iluminó brevemente con una astuta sensación de triunfo.
—Quiero decir, creo en la integridad de Kaelyn, pero nunca se puede ser demasiado precavido, ¿verdad? Una mujer soltera lidiando con un problema ginecológico… no es una situación muy halagadora. Quizás sea mejor que la mantengamos a distancia.
Landen se quedó en silencio, con los labios apretados y una expresión tormentosa en el rostro. La mera idea de que Kaelyn pudiera compartir momentos con otro hombre encendió en él una feroz llama de celos y frustración.
Tras un momento de agonizante vacilación, Landen soltó bruscamente el brazo de Claire y se dirigió directamente hacia Kaelyn.
Tomada por sorpresa, Claire jadeó, con la voz teñida de confusión e incredulidad.
—¡Landen! ¿Qué estás haciendo?
Ignorándola, Landen continuó con pasos firmes y decididos. Un único y apasionado pensamiento lo impulsaba a seguir adelante: tenía que enfrentarse a Kaelyn y descubrir la verdad detrás de esas sospechas. ¿Podría estar realmente involucrada con otra persona?
Al verlo alejarse, Claire sintió que su corazón se hundía en un abismo de derrota. Sus piernas se negaban a moverse, como si estuvieran clavadas en el suelo por las pesadas cadenas de la desesperación.
Los susurros de los espectadores que los rodeaban perforaban el aire, burlones y despectivos.
«Mira eso, las amantes siempre tejiendo sus astutos encantos, pensando que pueden asegurarse el amor de un hombre. Sin embargo, no son más que diversiones fugaces, que se desechan en cuanto se desvanecen».
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