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Capítulo 160:
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Los invitados no eran los únicos confundidos: Kaelyn estaba igualmente desconcertada por el comportamiento de Rodger.
Inclinando la cabeza, Kaelyn preguntó: «¿Qué está pasando aquí?».
Rodger bajó la mirada y su tono se suavizó inesperadamente, dejando de ser frío y duro. «No es nada. Solo creo que tienes mal gusto a la hora de elegir a tus citas. No solo no te protegió, sino que tampoco te defendió cuando todos se volvieron contra ti».
Tras hacer este comentario, miró deliberadamente a Sebastián, con sus ojos oscuros brillando con una silenciosa burla y desdén.
Sebastián se quedó desconcertado.
¿Acaso había ofendido a Rodger de alguna manera?
¿Por qué parecía que el Comisionado Militar lo miraba con hostilidad?
Kaelyn permaneció ajena a la sutil tensión que crecía en el ambiente.
Mientras Rodger hablaba, ella sonrió con confianza y respondió: «Eso es porque confía en mí, está seguro de que puedo arreglármelas sola».
Su radiante sonrisa distrajo momentáneamente a Rodger, haciéndole perder la concentración.
Pero entonces, al pensar en ella defendiendo a Sebastián, una ola de celos lo invadió.
¿De verdad confiaba tanto en ese hombre?
Rodger volvió a sentir una opresión en el pecho.
Reprimiendo su descontento, preguntó con una media sonrisa: «Ya que lo tienes todo controlado, supongo que tampoco necesitas que yo intervenga, ¿verdad? ¿Te encargarás tú sola?».
Kaelyn asintió con desdén. —¡Por supuesto!
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Dicho esto, retiró la mano y lo empujó.
Rodger sintió de repente un vacío en el pecho y una oleada de arrepentimiento lo invadió.
En su prisa, rápidamente extendió la mano y la atrajo hacia él.
Su ansiedad pudo más que él y, al no controlar bien su fuerza, Kaelyn, desprevenida y con tacones altos, perdió el equilibrio y casi se cae.
Instintivamente, Rodger extendió la mano para atraparla y la atrajo hacia él. El impulso los hizo girar a ambos y finalmente recuperaron el equilibrio, con sus cuerpos muy pegados.
La multitud dio un grito ahogado de sorpresa.
—Lo siento —murmuró Rodger, con la mirada suave y arrepentida mientras bajaba la vista. Kaelyn se quedó paralizada por un momento, luego trató rápidamente de alejarse, pero Rodger la rodeó con el brazo y la mantuvo en su lugar.
Ahora estaban tan cerca que podían sentir el aliento del otro en su piel. Rodger aspiró el débil aroma de ella, y sus ojos se oscurecieron mientras una mezcla de emociones se agitaba en su interior.
Era como si el tiempo se hubiera detenido. Los dos, envueltos en un silencioso contacto visual, perdieron la noción de todo lo que los rodeaba y solo se veían el uno al otro.
La mente de Kaelyn se remontó a un día similar en Lochacre, cuando inesperadamente se había encontrado en los brazos de Rodger. Su abrazo era firme y reconfortante, lo que la animó a quedarse un poco más de lo que había pensado.
Mientras permanecían envueltos en los brazos del otro, la sorpresa inicial de los espectadores dio paso a un murmullo y susurros.
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