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Capítulo 1147:
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«Estás más delgada», señaló Verena, con preocupación en los ojos. «Cuando vuelva el tío Rodger, más le vale que te mime con buenas comidas».
Laila se acercó, con su bastón de marfil firme y su cabello plateado enmarcando un rostro amable. «Estás radiante, querida», le dijo a Kaelyn en voz baja.
Laila, directora del Grupo Faulkner y socia de Starbright, se movía con elegancia.
Kaelyn la saludó con calidez: «Laila, me alegro de verte».
«Ven», dijo Laila, cogiendo a Kaelyn del brazo. «Todos están esperando para darte la bienvenida».
El salón de banquetes rebosaba elegancia: el tintineo de las copas y las risas flotaban en el aire. Kaelyn siguió a Laila, saludando uno a uno a los rostros familiares: Landen, tranquilo y sereno; Kathy, amable y cálida; Angelica, elegante y alegre…
Todos irradiaban una felicidad genuina al verla, pero evitaban cuidadosamente mencionar su pérdida de memoria, como si estuvieran obligados por un pacto tácito a mantener la noche alegre y festiva.
Verena se deslizó hacia Kaelyn, con una copa de champán brillante en la mano y los ojos brillantes y juguetones. «Kaelyn, el tío Rodger te envía su cariño. Ha prometido visitarte pronto».
El nombre de Rodger despertó algo profundo en Kaelyn.
Fue como si una puerta se abriera en su mente, liberando un torrente de recuerdos. Imaginó unos ojos tan profundos como el mar y oyó un susurro: «Espérame…». El recuerdo la tomó por sorpresa.
Kaelyn se tambaleó ligeramente, pero Sebastián apareció a su lado y le sujetó el brazo con delicadeza. «Tranquila», le dijo, manteniendo una distancia cortés. «El champán puede traicionarte».
Su tranquila preocupación le calentó el corazón como una manta acogedora.
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Sebastián desprendía un sutil aroma a colonia, con un ligero toque de antiséptico.
Kaelyn recordó que él no solo era el vicepresidente de Starbright Group y su asistente de confianza, sino también un querido amigo que había estado a su lado durante años.
«Gracias», dijo ella con una sonrisa llena de gratitud. «Ya estoy bien».
Verena ladeó la cabeza y los observó con una sonrisa. «Sr. Gill, siempre es tan atento. No me extraña que Kaelyn diga que confía en usted para que la empresa funcione sin problemas».
Sebastián rechazó el cumplido con una sonrisa tímida. «Solo hago mi trabajo».
Mientras el banquete seguía su curso, Kaelyn se movía con elegancia entre la multitud. Saludaba a cada invitado por su nombre, recordando pequeños detalles, como que a Adams le encantaba el whisky de malta o que Laila no podía estar cerca de los lirios.
Estos datos, ocultos en los informes que había estudiado, se convirtieron en su escudo, ayudándola a integrarse sin esfuerzo.
Junto a la torre de champán, Sebastián levantó su copa, con una mirada cálida y sincera. «Por ti, Kaelyn. Bienvenida a casa».
«¡Bienvenida a casa!», vitorearon los invitados, haciendo tintinear sus copas en un alegre coro. Kaelyn sonrió y levantó su copa a su vez, con el corazón lleno de la calidez de su bienvenida.
Verena volvió a aparecer, con voz suave y conspiradora. «Kaelyn, mientras estabas fuera, el tío Rodger te echó de menos. No era él mismo, hacía mucho tiempo que…».
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