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Capítulo 1103:
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A altas horas de la noche, Kaelyn se acurrucó bajo el suave edredón de plumas y poco a poco se sumergió en un sueño.
En su sueño, estaba de pie con un vestido de novia blanco y vaporoso bajo un arco cubierto de flores. La luz del sol se filtraba a través de las cortinas de encaje, proyectando delicados dibujos sobre su piel.
Los rostros de los invitados eran borrosos, pero el hombre que tenía delante destacaba claramente, con su esmoquin negro resaltando sobre sus anchos hombros.
«Kaelyn», murmuró con voz baja y tierna, acariciándole la oreja como una cálida brisa mientras le acariciaba suavemente la cara con las manos.
Kaelyn levantó la vista, esforzándose por ver su rostro, pero este se difuminó. Solo sus ojos profundos y expresivos la atraían, rebosantes de un amor que le hacía doler el corazón.
Cuando sus labios se encontraron con los de ella, la invadió el familiar aroma a madera de pino, el mismo aroma que había notado antes en el técnico.
El pensamiento la sacudió en el sueño, y el hombre pareció sentir su cambio, acercándola más a él, profundizando su beso con una intensidad silenciosa. El agudo sonido de la alarma la despertó de golpe.
Kaelyn abrió los ojos de golpe, con la luz de la mañana filtrándose a través de las cortinas. Miró fijamente al techo, con la respiración entrecortada, el recuerdo de ese beso soñado aún cálido en sus labios.
Sus dedos rozaron su boca y un recuerdo se despertó. Se dio la vuelta y sacó la nota de reparación de la mesita de noche.
«¿Tienes curiosidad por tu pasado? Reúnete conmigo mañana a las 3 de la tarde en el Blue Mountain Café».
«¿Cómo…?» susurró, con el corazón acelerado mientras el sueño y la realidad se entremezclaban.
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En el baño, Kaelyn se miró en el espejo, con los ojos rojos y expectantes. Por un momento, volvió a vislumbrar el vuelo de ese vestido de novia de ensueño. La fuerza de ese abrazo, la calidez de ese beso, parecían demasiado reales para ser solo un sueño.
El agua fría salpicó su rostro, pero no pudo apagar las preguntas que ardían en su interior.
¿Y si no fuera solo un sueño? ¿Y si fuera una parte de su pasado tratando de salir a la luz?
Kaelyn se secó la cara y sus ojos se posaron en la foto que había sobre la cómoda: una instantánea de ella y Javier en las montañas nevadas de Survita. Su sonrisa era amable y familiar, pero ahora le parecía distante junto al novio sin rostro de su sueño.
Mirándose al espejo, Kaelyn susurró: «¿De quién eres realmente la novia…?»
La respuesta flotaba en el aire, tentadoramente cercana pero efímera, como los sueños matutinos que se disuelven en la niebla.
Kaelyn salió del baño, apretando los labios en una delgada línea antes de deslizarse de nuevo bajo las sábanas.
Aunque aparentemente perdida en sus pensamientos, sus ojos catalogaban metódicamente los secretos de la habitación: la cámara en miniatura situada encima del armario, una lente disfrazada de adorno en la estantería y el reflejo sutilmente distorsionado en el espejo del tocador.
Un escalofrío le recorrió los dedos mientras su corazón se hundía.
¿Por qué esos ojos que la observaban, esos observadores ocultos?
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