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Capítulo 982:
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Si esta llamada podía servir para arreglar las cosas, no la desperdiciaría. Colton tenía que volver. La familia Yates dependía de él. Sus negocios dependían de él. Y, más que nadie, ella dependía de él. Desde que se marchó, su posición en la casa no había hecho más que empeorar; incluso el personal había empezado a ignorar su autoridad.
Cuestara lo que costara, lo traería de vuelta. Aunque eso significara permitir que Kristine se casara y entrara a formar parte de la familia…
Victoria se detuvo de repente. Apretó los puños mientras reprimía el resentimiento y la amargura que le invadían por dentro.
Si Kristine era realmente la clave para traer a Colton de vuelta a casa, entonces, aunque eso significara rebajarse a suplicar, lo haría.
Tras colgar, Colton se quedó sentado en la silenciosa habitación, inmóvil durante un largo rato. No tenía nada que ver con las palabras de Victoria. Lo que le rondaba por la cabeza era algo completamente distinto: entendía a Luna demasiado bien. Mentir nunca había sido su fuerte.
Si Claude hubiera sido realmente su hijo, ella no habría reaccionado con tanta furia. Se habría mostrada nerviosa, lo habría negado torpemente, habría intentado encubrirlo. Ese arrebato de ira lo decía todo: Claude no era hijo suyo.
Eso significaba que todo volvía al punto de partida. El chico no era suyo. Tampoco era de Luna. Y Patsy llevaba años desaparecida, así que esa posibilidad no tenía sentido. Eso solo dejaba una conclusión: Goodwin debía de haber tenido un hijo fuera del matrimonio.
Aun así…
Colton frunció el ceño. Un niño no podía aparecer de la nada de la noche a la mañana. Era imposible que algo así hubiera ocurrido sin que él se diera cuenta.
Entonces lo comprendió. Su cuerpo se enderezó bruscamente al darse cuenta.
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En otro lugar, Kristine se apresuró a acercarse en cuanto vio regresar a Asher. «¿Cómo ha ido? ¿Qué ha dicho Colton?»
«Ha aceptado», respondió Asher, aunque Colton nunca había pronunciado esas palabras directamente.
Antes de que pudiera decir nada más, Kristine se acercó y le abrió bruscamente el cuello de la camisa. Sus ojos se fijaron inmediatamente en las marcas oscuras que tenía en el cuello.
«¿Qué ha pasado?», preguntó con voz temblorosa por la preocupación.
«No es nada. Solo me he dado un golpe con algo».
«¿Nada? ¡Mira eso!». Se giró rápidamente, dirigiéndose hacia el botiquín de primeros auxilios.
Asher le agarró la muñeca y la detuvo. «Estoy bien. Verte preocupada así ya hace que me duela menos».
Kristine estaba a punto de discutir, pero él la atrajo hacia sí. «Si este dolor significara que te quedarías a mi lado para siempre, preferiría que nunca desapareciera».
«¿Qué tontería es esa?». Envuelta en su abrazo, sintiendo su calor, Kristine no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa. «Suéltame. Tengo que curártelo».
«No». Apretó más fuerte.
Al percibir ese cambio en él, dejó de resistirse. «Asher, ¿qué pasó realmente?».
«Nada. De verdad…».
Pero en aquel momento en que las manos de Colton se habían cerrado alrededor de su garganta, un pensamiento le había cruzado por la mente: ¿y si no volvía a verla nunca más? Ahora estaba allí. Vivo. Y ella estaba justo delante de él.
Sin embargo, el secreto que guardaba le oprimía el pecho. Él y Kristine ya eran marido y mujer. Si alguna vez ella descubría que se lo había ocultado, no podía predecir su reacción. Lo que más le aterrorizaba era la idea de que ella se marchara enfadada.
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