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Capítulo 859:
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Nathan miró por el retrovisor y apretó la mandíbula al ver que Rosetta se acercaba de nuevo. Danica tenía razón. Rosetta era una conductora excepcional, y su coche era un deportivo de altas prestaciones, muy superior al suyo. Deshacerse de ella no sería fácil.
Pisó el acelerador con más fuerza. Su coche se lanzó hacia delante, pero la distancia entre ellos apenas aumentó.
Al tomar una curva, Rosetta aprovechó el momento y se acercó aún más. Con una mano aún en el volante, buscó una pistola con la otra.
«¿De verdad está apuntando mientras conduce?», exclamó Danica.
En cuanto vio que el arma se dirigía hacia Kristine, no lo pensó dos veces. Haciendo caso omiso de su propia seguridad, se lanzó al asiento trasero, colocando su cuerpo entre el arma y Kristine.
La bala surcó el aire, volando directamente hacia Kristine como si nada en el mundo pudiera detenerla.
«¡No!», gritó Danica, lanzándose sobre Kristine sin pensarlo dos veces.
La bala le atravesó el cuerpo. Un dolor agudo y ardiente estalló en el punto de impacto y se extendió al instante por cada nervio, como si le hubieran prendido fuego desde dentro.
Nathan lo vio por el retrovisor: la tela blanca del vestido de Danica tiñéndose rápidamente de rojo a lo largo de su costado. Detrás de sus gafas de montura dorada, sus ojos se enrojecieron. Su pie presionó con más fuerza el acelerador, llevando el coche más allá de sus límites.
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—Danica, ¿cómo estás?
La respiración de Danica era entrecortada mientras luchaba por articular palabras. —Yo… no lo sé… Me duele tanto… Nathan… ¿voy a morir así?
Cuando había visto la pistola apuntando a Kristine, su mente se había quedado en blanco. No había habido ningún pensamiento, ninguna decisión: su cuerpo simplemente se había movido. Pero ahora, mientras el dolor la consumía, el miedo comenzó a infiltrarse. Estaba aterrorizada.
«No pienses así», dijo Nathan rápidamente. Su mano temblaba ligeramente sobre el volante, pero su voz se mantenía firme. «Te pondrás bien. Estamos cerca del muelle. Hay médicos en el barco; ellos te cuidarán. Solo aguanta un poco más».
«Vale… Lo intentaré…», susurró Danica. «Pero me duele tanto…»
«Aguanta. Ya casi hemos llegado».
Debajo de ella, Kristine empezó a sentir poco a poco un peso enorme presionándola. El olor metálico y penetrante de la sangre atravesó su conciencia confusa. Sus pestañas se agitaron y abrió los ojos a la fuerza. Lo primero que vio fue el rostro de Danica, pálido y contorsionado por el dolor.
Un frío pánico se apoderó de su corazón. «Danica… ¿qué te ha pasado?».
Tenía que ser un sueño. Si no, ¿cómo podía estar Danica tan herida?
«Estoy bien…» Danica esbozó una débil sonrisa, aunque el dolor se reflejaba en cada rasgo de su rostro. «Kristine…»
«Le han disparado», dijo Nathan con tono seco desde delante.
«¡¿Qué?!» Kristine abrió mucho los ojos. Se quedó completamente inmóvil, temiendo que incluso el más mínimo movimiento pudiera hacerle más daño a Danica. «¿Dónde te han disparado?»
«Yo… . No lo sé…», respondió Danica con voz débil. Lo único que sentía era dolor, y parecía provenir de todas partes a la vez.
Kristine la sujetó con cuidado, sin atreverse a cambiar de posición. «Nathan, ¿adónde vamos?»
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