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Capítulo 763:
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Llevaba mucho tiempo fijándose en Ryan como pareja, aunque en aquel momento no había encontrado a una joven adecuada para presentarle. Con el ascenso de la familia Marsh, sus pensamientos se habían dirigido inmediatamente a su sobrina, Nia. Sin duda, la familia Marsh consideraría a Ryan una pareja ideal.
De vuelta en el hospital, Kristine abrió por fin el regalo que Ryan le había dado.
Dentro estaba el abanico que había admirado en la subasta. Recorrió con el dedo los intrincados y realistas grabados con silenciosa admiración, completamente cautivada por la profundidad de los paisajes tridimensionales. Con él en las manos, apenas se atrevía a dejarlo. Sus frustraciones se aliviaron ligeramente, apaciguadas por esta pequeña y inesperada alegría.
Finalmente dejó el abanico a un lado y cogió el saquito. Lo examinó de cerca, inhalando su aroma una y otra vez, pero no encontró nada extraordinario en él. Se preguntó si al abrirlo se revelaría algo. Por desgracia, no tenía las herramientas adecuadas —y ya era demasiado tarde. Tendría que esperar hasta mañana para comprar lo que necesitaba.
Tras guardar tanto el abanico como el saquito, Kristine se acostó, pero el sueño no le llegaba fácilmente. Sus pensamientos vagaban entre Asher y los ojos del niño que había visto en la subasta —unos ojos que parecían demasiado perspicaces para el rostro de un niño—. Tardó mucho tiempo en rendirse finalmente al cansancio.
Ni siquiera en sueños encontraba paz. Una voz triste la llamaba una y otra vez.
«Kristine… Kristine… ¿Ya no me quieres? ¿De verdad me has abandonado?».
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La voz podría haber sido la de Asher… o la de Colton.
Se despertó sobresaltada, con sudor frío en la cara. Afuera, la ciudad cobraba vida. Había comenzado un nuevo día.
Pero ¿cuándo sería por fin libre para marcharse?
No podía quedarse de brazos cruzados. El primer paso era ganar dinero; sin un centavo, ni siquiera podía comprarse un billete. Pero sus esfuerzos tenían que ser discretos. Esta ciudad era la base principal de WOLF, y temía que Ryan descubriera su plan.
Parecía casi imposible. Pero a Kristine siempre le habían motivado los retos.
Se le ocurrió una idea, una idea arraigada en su antigua carrera: restaurar antigüedades para clientes privados. El plan requería contactos, aunque eso, al menos, no le preocupaba. El hospital era un centro exclusivo que atendía solo a los ricos y poderosos. Su objetivo era sencillo: pasar desapercibida, observar e identificar a posibles clientes que pudieran necesitar trabajos de restauración.
Con el plan ya fijado en su mente, se recostó y, inesperadamente, se quedó dormida.
Mientras tanto, en Rymonst, Asher estaba encorvado en su silla de ruedas.
Tenía los ojos inyectados en sangre por las noches sin descanso, y una sombra de barba incipiente le oscurecía la mandíbula, lo que le daba un aspecto demacrado y agotado. Tripp observaba en silencio desde cerca, compasivo pero impotente. Desde que Ryan se había llevado a Kristine, Asher se había mostrado inquieto y desolado. Tripp comprendía que su corazón estaba consumido por la preocupación, y que solo el regreso de Kristine podría devolver la sonrisa al rostro de Asher. Las palabras, en estas circunstancias, no significaban nada.
«¿Sigue sin haber noticias de Ryan?», preguntó Asher por fin, con voz hueca.
«No, señor. Colton tampoco ha encontrado nada. Ryan es un fantasma. Sabemos que estudió en la Universidad de Gridron, pero tras graduarse… nada», informó Tripp.
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