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Capítulo 338:
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Cerró los ojos por un momento, dejando que el silencio se instalara. Al principio, simplemente había querido darle una lección por faltarle el respeto a Asher. Pero a medida que la paliza se prolongaba, sus pensamientos no dejaban de volver a Mónica. Pensar en ella sumía a Kristine en una espiral.
No podía quitarse de la cabeza la idea de que sus propias acciones habían provocado la muerte de su padre, de que merecía cargar con esa culpa para siempre. Sin embargo, Mónica, decidida a ganar el juicio, había utilizado deliberadamente esa culpa como arma. Había reabierto viejas heridas solo para ganar ventaja. Kristine luchaba por darle sentido a todo aquello.
¿Qué clase de madre podía hacer algo así?
Quizá Mónica nunca había sido realmente su madre en ningún sentido significativo. ¿De qué otra forma podría derramar tanta calidez sobre Jemma mientras trataba a Kristine con tanta crueldad?
Solo las palabras de Asher —Si la muerte de tu padre está ligada a ti, entonces, como mínimo, protege lo que él dejó atrás— la habían devuelto a la realidad. Sin ellas, podría haber renunciado por completo a las antigüedades.
Ese recuerdo hizo que Kristine mirara a Asher, con gratitud brillando en sus ojos.
En ese mismo momento, Asher miró hacia ella —y luego dirigió su atención al hombre desplomado en el suelo—. «Lleválo fuera de aquí», ordenó. Tras una breve pausa, añadió: «Y asegurate de que reciba la atención médica adecuada».
Los guardaespaldas se llevaron al hombre a rastras sin decir palabra.
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Todos los demás mantuvieron instintivamente la distancia con Asher.
El hombre del traje rosa se acercó con aire despreocupado, balanceando las caderas, y preguntó: «Bueno, ¿este es el amigo del que habías hablado?».
Le echó un vistazo sin prisas a Kristine y luego esbozó una leve sonrisa. «No está nada mal. Puede que no esté a mi nivel, pero sin duda es atractiva».
Asher le lanzó una mirada de reojo. «Este es Cameron Tucker, un amigo mío. Es el dueño del local».
Kristine asintió cortésmente. «Sr. Tucker».
La sonrisa de Cameron se amplió. «No hace falta formalidades. Cualquier amigo de Asher es amigo mío. Llámame simplemente…»
Kristine vaciló, sintiendo una inquietud familiar que se agitaba en su interior.
La presentación le recordó a Colton, quien nunca la había presentado debidamente a nadie, ni siquiera a Devin. Como resultado, sus conocidos la habían tratado con abierto desprecio. Siempre que Colton no estaba presente en las reuniones, se burlaban de ella, dejándole heridas más profundas de lo que jamás había dejado entrever. Había intentado explicárselo, pero él siempre lo restaba importancia, diciendo que solo estaban bromeando y que no sabían cuándo parar. Cada vez que ella sacaba el tema con demasiada frecuencia, él perdía la paciencia. «A nadie más parece importarle», solía decir. «Quizá deberías averiguar qué estás haciendo mal».
Durante mucho tiempo, Kristine había creído sinceramente que era culpa suya. Solo tras varias sesiones con un psicólogo llegó a comprender que el problema estaba en esas personas, no en ella. También se dio cuenta de que la indiferencia de Colton había sido la verdadera raíz del problema. Si él realmente se hubiera preocupado por ella, nadie en Gridron se habría atrevido a tratarla así.
Una voz tranquila y mesurada la devolvió al presente.
«¿En qué piensas?», preguntó Asher.
Kristine parpadeó. De alguna manera, Cameron se había escabullido sin que ella se diera cuenta.
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