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Capítulo 203:
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Un leve arrastrar de pies rompió el silencio desde el interior. El corazón de Kristine latía con fuerza mientras apretaba su bolso con más fuerza, sin atreverse apenas a respirar.
La puerta se abrió de par en par y un hombre con el pelo revuelto y una mirada atormentada apareció en el marco. En el instante en que vio a Kristine, el pánico puro se reflejó en su rostro.
Fue entonces cuando se dio cuenta: estaba mirando directamente a Azariah, el mismo médico que la había engañado para que acudiera a ese hospital.
Sin dudarlo un instante, Kristine metió la mano en el bolso y sacó una pistola compacta, esbozando una sonrisa fría mientras Azariah daba media vuelta, desesperado por huir. «¿De verdad crees que puedes escapar de una bala?».
Azariah se quedó paralizado, con la mirada clavada en el arma, las rodillas temblando bajo el peso del terror.
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Desde el interior de la habitación, una enfermera se asomó, sobresaltada por el alboroto. En cuanto vio el arma, se derrumbó en el suelo, temblando y dejando escapar un débil gemido.
Ryan, que había presenciado más de una escena sospechosa en su faceta de investigador privado, se quedó con los ojos como platos. Había visto armas antes, pero nunca habría imaginado que fuera la amable y de voz suave Kristine quien empuñara una.
La voz de Kristine, firme y fría, rompió el silencio de la conmoción. «Cierra la puerta».
De vuelta a la realidad, Ryan la cerró rápidamente y un pesado silencio se apoderó de ellos.
Kristine dejó las luces apagadas. Levantó el teléfono y dejó que el intenso haz de su linterna atravesara la penumbra. La fría luz barrió las dos figuras aterrorizadas en el suelo y también bañó el rostro de Kristine, cubriéndolo de sombras marcadas y haciendo que sus ojos brillaran con una determinación gélida. En aquella habitación en penumbra, parecía menos una mujer en busca de respuestas y más algo inevitable.
Ryan vislumbró entonces a otra persona en Kristine: un eco fantasmal de Colton, el hombre más rico de Gridron.
Kristine apretó la pistola con firmeza bajo la barbilla de Azariah, con voz inquebrantable. —Empieza a hablar. ¿Quién te envió para atraerme a ese hospital? ¿Quién te dio información sobre mi supuesta relación con Elyse?
Todo su cuerpo temblaba mientras la miraba fijamente. «Fue… el doctor Brent Walsh. ¡Esa es la verdad! Nosotros solo somos los intermediarios. ¡Por favor, tienes que creerme!». Su voz temblaba, cada palabra lastrada por la fría presión del acero contra su mandíbula.
La expresión de Kristine apenas se alteró. Esperaba ese nombre, pero no era la respuesta que realmente buscaba.
«Brent no es más que un cirujano. ¿Esperas que me crea que hiciste todo esto simplemente porque él te lo dijo?». Sus palabras cortaban más que cualquier cuchillo. «Se te acaba el tiempo. Si no me dices la verdad, me aseguraré de que desaparezcas para siempre».
Azariah se derrumbó bajo la presión, con las lágrimas corriendo libremente. —¡Está bien! Te lo contaré todo. El Dr. Walsh se acercó a nosotros primero, pero dijo que debíamos escucharlo porque era idea de Elyse Lloyd. Ella es la que quería que se hiciera.
Un destello duro brilló en los ojos de Kristine. —Demuéstralo. Demuéstrame que no solo te estás cubriendo las espaldas.
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