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Capítulo 66:
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La verdad es que lo estaba enloqueciendo…
Sus besos fueron en descenso por todo el centro de su cuerpo húmedo el cual parecía una cascada. Mordía su piel y la chupaba provocando que ella diera pequeños respingos.
El pelinegro suelta sus muñecas, pero ella las mantiene arriba entre tanto él llega hasta la zona de su coño. Separa sus muslos mientras nota como el agua corre por ellos, luego de tener una buena visión de esa vagina el CEO roza su pulgar contra el centro.
– ¡Aaaahhh! Noooo, por favor… -da un respingo divertido.
Michele introduce el dedo medio en su coño y levanta la vista para ver el rostro de placer de ella, Daviana comenzó a morder su boca de una manera tan deliciosa que él creyó que lo haría explotar.
Mueve su dedo circularmente consiguiendo de ella un arqueo perfecto de su cuerpo, ver sus curvas desde ese punto era increíble, podía beber el agua que corría por su piel y extasiarse de ella.
– Michele… Michele…
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Gemía su nombre con voz ronca y pastosa… el CEO libera su coño de su mano, pero la reemplaza por su lengua, Michele saborea la vagina de Daviana sorbiendo profundamente su interior.
Ella opto por bajar las manos y posarla sobre su cabello, y con aquello le decía que no deseaba que se despegara de su coño. Lo empujaba hacia su centro hasta el punto de que elevo una de sus piernas para subirla sobre su hombro.
Aquel movimiento le dio la confianza al pelinegro para chupar con más fuerza, y en cuanto lo hace Daviana suelta un ronco gemido que tensa todo su cuerpo.
Segundos más tarde la lengua del CEO se llena por completo de los fluidos de ella mezclados con el dulzor del agua. Daviana era todo un manjar, y sospechaba que ni ella misma lo sabía; cuando termina por absorber todo de ella se incorpora y toma posesión de sus labios por un momento.
Luego se aleja un poco de ellos al mismo tiempo que frota su cuerpo desnudo contra el de Daviana. La castaña abre los ojos y él los encuentra tan dulces, ingenuos y tan excitados.
– Ya creo que debes salirte del agua, cogerás un resfrió.
– Terminemos, por favor…
Su petición lo petrifico, sin embargo, lo disimulo bastante bien o eso creyó. Acuna las mejillas de ella para luego ver sus labios levemente hinchados. Era una tentación no besarlo, un pecado que los dejara así o que la dejara así.
Era un hombre con sangre en las venas…
Se aproxima a la boca de Daviana para besarla a lo que ella envuelve su cuello con sus brazos, Michele sujeta el muslo de la castaña elevándolo hasta la altura de su cintura. El beso se hizo intenso bajo aquella cascada de agua, el vapor del cuarto cada vez era más espeso y el nivel de calentura de ambos rebasaba los niveles normales.
Ya no había vuelta atrás pensó… no con esa enorme erección que tenía justo en ese momento.
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